Alguien ha dicho, por cierto con bastante buen criterio, que lo único bueno de este año 2.009, es que por fin se acaba.
Pero, la alegría del final de esta pesadilla de 365 días, no deja de nublarme la razón y es capaz de inhibirme del temor de lo que nos espera en este 2.010 que pronto comienza.
Ni juntando a todos los augures más proclives a las buenas noticias y aunque los astros se pusieran de acuerdo, pintando en el cielo el idílico cuadro de un esperanzador futuro, yo no creería que lo venidero, va a ser mejor que lo pasado.
Y es que los sortilegios y las felices concatenaciones pueden predecir un futuro color de rosa, pero para eso estamos los humanos, dispuestos a enmendar la plana a quien se atreva a meterse en nuestros asuntos.
Mientras no seamos capaces de aprender de nuestros errores, (y no lo somos, a la vista está), mientras los que se creen que mandan no sepan desde ya, que solo son unos mandados y que eso llamado "mercado", "globalización", "capital" o cómo demonios quiera llamarse, es quien mueve las riendas de este mundo nuestro, desquiciado y sin entrañas.
Mientras que tengamos que oír como alguien que rige los destinos de una importante parte de la sociedad en que vivimos, es capaz de reconocer con sus propias palabras que ha timado, a sabiendas, a una serie de personas confiadas, sin importarle el mal económico y humano en el que ha sumido a esa pobre gente.
Mientras, tu y yo y todos los españoles, hemos pagado con nuestros impuestos esta felonía, este sujeto se pavonea y sigue en el cargo, con el peregrino argumento de que sus congéneres no le han aceptado la dimisión. Lo que viene a demostrar de qué materia está hecha la conciencia del uno y de los otros.
Este señor, será el que seguirá rigiendo la política empresarial en el año que nos espera.
Mientras seamos más diligentes a la hora de lanzar salvavidas a las grandes entidades financieras que siempre terminan por chuparnos la sangre, antes que a los que de verdad lo necesitan.
Mientras, unos partidos políticos traten de guardar lo conseguido, sin atreverse a tomar medidas tajantes y drásticas, por muy impopulares que puedan parecer, pero que pueden ser beneficiosas para un futuro. Mientras el miedo a ser lo que dicen representar los atenace y no estén dispuestos a demostrar que esto tiene que cambiar, caiga quien caiga, para que no vuelva a repetirse.
Mientras no sean capaces de mandar (y convencer) en las conciencias de los que les votaron y no en BOE y se dejen de componendas, que pretenden contentar a todos y terminan por no contentar a ninguno.
Mientras los de enfrente, como aviesos cazadores furtivos, estén a la espera de lo que caiga, para conseguir su deseada pieza del poder, (la única que les interesa), sin importarle que entre tanto disparo se abatan también los propios entresijos del estado que tanto ha costado construir.
Mientras esta oposición sea patroneada por los muñidores de las desgracias, los fans de los malos augurios, los que son capaces de aplaudir los datos del paro y el hambre, porque estos datos les acercan un poco más al poder. Los que no se permiten la menor ayuda para solucionar el problema de todos, por si de esa manera se alejan de su único deseo de mandar. Los que no dejan de producir en multicopistas, códigos éticos para tapar sus vergüenzas, pero siguen manteniendo en sus sillones a los estafadores y los ladrones.
De seguir de esta manera y a la vista de las encuestas y los augurios, lo mejor será hacer las listas para las próximas elecciones, con lo más florido de Alcalá-Meco y otras cárceles españolas, con la certeza de que serán aclamadas por los votantes.
Está claro que en esta sociedad nuestra priman más las ganancias que la ética y así nos luce el pelo. El que se hagan ricos, aunque sea robando nuestro dinero, parece que no importa. Es más, les da carta de naturaleza de buenos gobernantes.
Mientras este mundo en que vivimos y que se va apagando poco a poco, nos importe lo poco que nos importa, por muchos Kiotos, Copenhagues y demás multinacionales fiestas que se organicen para el placer de unos cuantos y la tristeza de muchos, me temo que el año que nos espera sea también desolador.
Mientras la justicia, esta justicia que hoy tenemos en España, siga siendo, desde su escasa condición democrática, la que marque las pautas de la vida política y social, permitiendo que cualquier resentido con carnet, de carta de naturaleza a cualquier probada injusticia y el pueblo que de verdad manda, no pueda hacer nada al respecto. Mientras se estudien argucias, retorciendo la verdad y la ley para favorecer a los que les nombraron, mientras siga imperando esta justicia, el año que nos espera, tampoco será mejor.
Mientras nosotros sigamos callando, con el silencio torpe y manso de los corderos que balan antes de ser degollados, los de siempre asistirán felices al banquete y acabaremos por ser las sobras que se dejan a los perros.
Es posible que el año 2.010 España sea campeona del mundo de futbol y Alonso gane el mundial de automovilismo. Entonces todos presumiremos de este país nuestro, seremos felices, se olvidarán todas las penas y todo será perdonado.
Y la vida seguirá, sin que nosotros aprendamos a ser protagonistas de esa vida.
A pesar de todo lo dicho, mi deseo es que el 2.010 traiga mas sonrisas que desvelos y que todos seáis un poco más felices.
Acostumbrado como estoy a que el mar me reciba sosegado y silente, con esa quietud encendida y maternal que te hace desear su abrazo y su caricia, guiñando de luces sobre el azul, como en un inmenso luminoso. Acostumbrado a refugiarme en su silencio, cuando se acaba la marabunta y las soledades necesitan de espacios y belleza, tengo que confesaros que ayer el mar, ese amigo mar del que presumo, me asustó.
Ya, al acercarme, me preocupó el sonido ronco que emitía, como el del pecho de un minero alcohólico y fumador.
Al igual que el tísico sin solución, su cavernoso ruido iba acompañado de enormes esputos de espuma, que como surtidores de odio se dibujaban en el horizonte más cercano.
Me dio miedo también, la agresividad de sus olas, que con zarpazos de rabia y sin blancura de espumas que las dulcificaran, se empinaban violentas sobre la costa, rompiendo las bridas que antaño las amansaben.
La playa, mordida por la ferocidad de unas aguas, que no se sabía si eran empujadas por el viento o por el odio de un dios guerreo y vengativo, aparecía vacía de arena y plena de detritus y suciedad. Donde antes jugaban niños y dormitaban sirenas, cubriendo de risas y colores la mañana, ahora parecía como si el mar, hastiado ya de soportar tanta afanosa desidia, quisiera enseñar, como en un triste escaparate, todo lo sucio y contaminante que guarda en sus entrañas.
Todo ese odio escondido, había llegado, también, a romper los endebles diques que el ansia constructora, trataba de domeñarlo y con brutales bocados de perro rabioso, había roto barandas, cuarteado carreteras y en su violenta voracidad, había erosionado las viviendas, que la irresponsabilidad había puesto robándole el lugar que le pertenece y que ahora, violento, reclama.
A pesar de lo desagradable del paisaje que se mostraba ante mis ojos, había como un canto de dolor y desengaño en el ronco rugido de las aguas. Y hasta las gaviotas, afanosas entre los detritus más alejados de las olas, tenían un canto mas ronco y un vuelo mas alicaído.
Seguro que ni las gaviotas, ni yo mismo, estábamos conformes con aquel mar.
Entendíamos su mensaje. Sabíamos de su paciencia de siglos, aguantando todos y cada uno de las felonías que los humanos le habíamos infringido, aceptábamos su dolor, e incluso justificábamos este serio aviso, gritándonos que esto no podía seguir así.
Pero nos dolía este mar sin azules, sin velas blancas llegando al horizonte, sin pequeños peces jugando cerca de la arena.
Este mar, ahora gris marengo y triste, que siempre tuvo palabras que enseñar, juegos que ofrecer, ideas que iluminar, colores con que llenar paletas de pintores, ese mar es el que yo quiero.
Por ese mar, justifico esta rabia de ayer, pero quiero cantar la luminosidad de siempre, pidiéndoles a los hombres que luchemos por este mar de la inocencia. Un mar surcado por blancos pañuelos que olviden las lágrimas y solo volteen con sonidos de alegres bienvenidas.
Un mar que entre sus aguas nos traigan sonoras sinfonías de otros meridianos.
Démosle a este viejo mar nuestro del saber y los ensueños, el limpio lugar que necesita para su reposo, la tranquilidad debida a sus siglos de dadivas y enseñanzas, la ternura sin macula del agradecimiento.
Mucho de lo que somos, se lo debemos a este Mediterráneo, ayer enfurecido y oscuro, pero que, seguro, mañana volverá a ofrecernos, envuelto entre espumas y algas, el regalo magnifico de su azul infinito.
¡Hijo de puta!. Ese fue el comentario que salió de mi boca cuando leí en la prensa la noticia: "Quema y viola a una niña de tres años, hija de su novia". A pesar de ser bastante comedido en mi vocabulario, esas palabras malsonantes fueron las que se me vinieron a la boca, como si de un vomito de estupor y odio se tratara.
Y si no volví a repetirlas, al menos siguieron pululando por mi mente tras ver y leer más amplias noticias sobre el alucinante caso. "Quema y viola a la hija de su novia" "fallece una niña de tres años agredida por el novio de su madre" "Novio, canguro y asesino" y otros estridentes titulares que solo conseguían que mi insulto inicial se anclara en mi pensamiento, a pesar de toda su crudeza.
Después se ha sabido que la realidad era muy distinta a como nos había sido presentada. No hubo agresión, no hubo sádicas quemaduras. Solo una simple y fatal caída desde un columpio. Un hombre que, asustado, lleva a la hija de su novia al médico, unos facultativos poco aptos y peligrosamente excedidos en sus presunciones y una noticia comercialmente sustanciosa y rutilante para las portadas, que no podía dejarse pasar.
En esos titulares (reales) de más arriba, podrá comprobarse como en ninguno de ellos se utiliza la manida formula del "presuntamente". No dejemos que la ética periodística y el cabal razonamiento, nos fastidie un amarillo y malsano titular.
De cualquier manera creo que esa coletilla de "presuntamente", ha quedado obsoleta y sin sentido, de tanto mal- utilizarla. En cualquier programa televisivo de baja estofa, el seudo-periodista de turno, dice una mentira a sabiendas y ya busca su coartada, anteponiendo el "presuntamente". Y todos contentos. Aunque la imagen de alguien haya quedado dañada para siempre por mucha "presunción" que la acompañe.
Pero no es solo mediático este comportamiento. También la sociedad suele caer en el mismo pecado, que tanto daño puede hacer a las personas. A la mayoría nos falta la sensatez y el sentido práctico necesario para que no prevalezca la presunción de culpabilidad, como desgraciadamente suele ocurrir. Nos invade un cierto masoquismo acusador, sin que nos paremos a pensar en las consecuencias que este proceder puede ocasionar a personas. Lo mío fue un mentarle a la madre (esa pobre señora que no tiene culpa de nada), pero muchos otros hablan y yo los he oído, de cadena perpetua, castración y pena de muerte.
Miedo me da pensar que sería de la justicia, en estos casos, si el Código Penal estuviese en nuestras manos.
Casos ha habido, en los que un jurado popular, por la cara poco simpática de una procesada, unida a su, llamémosla anómala o poco corriente condición sexual, ha tirado por la calle del medio, acusándola de algo que posteriormente se ha comprobado no ser culpable.
Pero la sociedad y la prensa ya habían juzgado de antemano. Y aún ahora, cuando se ha demostrado judicialmente la verdad de los hechos, que nada tenían que ver con la acusada, aun ahora, repito, se sigue poniendo en duda lo justo de la sentencia.
Otra cuestión en la que se debería ser más estrictos, para tratar de que no vuelvan a repetirse casos como el que nos ocupa, es que hubiese una total confidencialidad, tanto policial como de la justicia, a la hora de tratar estos asuntos.
Y si, como desgraciadamente ocurre, la prensa acaba por saber de estos casos, pedirle que al menos, respete a las personas a la hora de dar sus noticias.
Cuando el mal está hecho y se demuestra lo contrario de lo que se dijo, las rectificaciones no suelen venir en la portada ni con grandes caracteres. Pero el mal está hecho.
A pesar de que las televisiones y los periódicos se han regodeado dando tu imagen, proclamando ya la sentencia, yo prefiero hablarte tratando de conservar tu anonimato.
Diego P.V., te pido perdón por mi incalificable insulto. Y te pido, que si tienes madre, le hagas llegar mis respetos y decirle que personalmente, no quise insultarla.
Ya sé que es poca cosa. Ya sé que tu nombre y tu cara, estará marcada para siempre por esta sociedad que va demasiado deprisa y suele parase poco a pensar. De poco te valdrá mi perdón. Solo me gustaría que cundiese el ejemplo y la próxima vez, (desgraciadamente habrá una próxima vez, pues somos bastante olvidadizos), seamos más cautos a la hora de repartir adjetivos y culpabilidades.
Sería bueno que la sociedad, todos nosotros, aprendiéramos de la moderación, de la tolerancia, de la generosidad y dejásemos de insultarnos a nosotros mismos, tratando de poner nuestros pensamientos y deseos, en el lugar que solo debe ser ocupado por aquello que es justo.
Antes de nada, quiero dejar bien sentado que no soy inocente en la presentación de argumentos del escrito que ahora leéis. Podría acogerme al fair play inglés, pero en este caso me quedo con un cazurro y alpujarreño barrerpara casa, a la hora de poner ante el espejo dos historias que, al menos para mí, tienen algunas concomitancias.
Y digo que no soy inocente, porque debo proclamar y lo hago con orgullo, que soy seguidor de la cantante Rosa.
Entiendo vuestra extrañeza, perdono vuestras sonrisas, y acepto con humildad todos comentarios que tengáis a bien hacerme, una vez conocida esta faceta mía.
Notareis que digo seguidor y no utilizo la palabra fan, que traen a la mente juveniles comportamientos que, en mi caso, causarían extrañeza. Ni me pinto en la frente el nombre de la cantante, ni me apelotono chillando en unos almacenes para conseguir su firma, ni corro detrás de un coche para que me dedique una sonrisa. Yo no soy ese. Me conformo con comprar todos sus discos, oírlos con delectación y disfrutar con una voz y unos matices, que sinceramente no abundan en el panorama musical de esta España nuestra.
Todo esto viene a colación, por la noticia que hace poco leía en varios soportes de prensa escrita. Susan Boyle, escocesa que con 48 años saltó a la fama en un concurso de artistas amateurs, celebrado en abril del 2009, va a sacar a la venta su primer disco “I Dreamed a Dream” (el disco toma el nombre de la canción que la hizo mundialmente popular), del que antes de su salida ya tiene asegurada la venta de más de 180.000 ejemplares, a través de Amazón, superando con creces todas las ventas de discos anteriores, en los 14 años de vida de la compañía.
Hay bastantes parecidos en las vidas de Rosa y Susan Boyle. Ambas tienen una magnificas condiciones para cantar y una preciosa voz. A la escocesa, mujer de 48 años y poco agraciada le llamaron “el ángel peludo” y era la antítesis de todo lo que se conoce de una estrella del show bussines.
Rosa López, bastante más joven, tampoco daba los estándares de lo que debe ser una diva. Había muchos factores que jugaban en contra: su excesivo peso, la dificultad de su parla, enraizada en la ancestral, recluida y escabrosa realidad de su Alpujarra natal. Una forma de vida tan morisca como los antiguos pobladores de su pueblo. Y unas extrañas, pero justificadas adherencias familiares que eran un verdadero lastre para la libertad debida, para quien pretende vivir de este negocio.
Pero existieron en los comienzos de ambas artistas algunos hechos que se asemejan, aunque la forma de resolverlos hayan sido diametralmente distintos. A la escocesa le vino grande su éxito o no supo encajar los embates de la popularidad y tuvo que ser recluida en un sanatorio, para que pusiese en orden su atareado cerebro. Desde entonces hasta ahora, solo cantó en la Casa Blanca en honor de Obama, (eso es marketing y lo demás son pamplinas) y todo el tiempo restante lo ha dedicado a la preparación de ese disco que aún no ha salido y ya es líder de ventas.
Por el contrario, Rosa, producto típicamente español, con todo lo que ese concepto lleva consigo, nada más ganar Operación Triunfo, le prepararon una gira con 53 conciertos, la representación de España en Eurovisión y un nuevo disco.
A pesar de que el Dr. Jesús Iniesta, avisó a sus “mentores”, de que si se seguía ese ritmo, la incipiente artista no podría seguir cantando, la casa discográfica BMG, que llevaba a Rosa, decidió seguir el “tour”. Había que sacar cuanto antes dividendos, que la pela es la pela Y las sabias previsiones de la ciencia se cumplieron en Valencia, donde tuvo que suspender un concierto, una vez iniciado.
Pasó 25 días sin poder hablar, para poder recuperar su voz. Ese silencio era demasiado ostentoso para una prensa que la había aupado a un trono del Olimpo. Se había roto el encanto y la pobre Rosa ya olía a juguete roto en un viejo arcón polvoriento. Se especuló con sus problemas de voz y sobre otros más graves, maledicentes e inventados. Ni descansar pudo y tuvo que salir a la palestra, en una conferencia de prensa para desmentir los infundios.
Aquella escocesa gana, cae, se cura, y al final sale a la pista del gran circo, con todos los triunfos en la mano. Alguien supo que los rendimientos se consiguen cuando el producto, (me parezco a Risto), está consolidado y las prisas suelen ser malas consejeras.
Aquí, no. Hasta la Rosa de aquí, tenían que volar todos los moscones avariciosos en busca de alimento, aunque, a cambio, solo durase lo que dura un estribillo. Su sitio en el Olimpo de los elegidos, había que dejarlo libre, para que otro lo ocupase. La ocupación nacional por excelencia: hacer ídolos, auparlos y después dejarlos caer con estrépito.
Por eso sigo a Rosa, porque ha sabido luchar contra el destino que ya le habían marcado, los avariciosos, ha sabido quedarse de sus Alpujarras, con el blanco color de sus pueblos y con el aire limpio de sus montañas y la ha dicho a la gente con su arte que cuando el corazón canta lo de menos es la dicción. Lo importante es el sentimiento.
No sé cómo será su carrera, pero la presiento larga, sin estridencias, pero con la solidez que suele dar al trabajo, aquello que se consigue con esfuerzo, dedicación y dejando retazos de vida en el empeño.
Os dejo estas dos canciones del último disco "Propuiedad de nádie", disco intimista y con unos brillantes y desconocidos matices de la portentosa voz de Rosa.