BUSCANDO AL DIOS QUE NECESITAMOS

No deja de resultar extraño, incluso paradojico, que aquellos que deberían tener información privilegiada, empiecen a preguntarse con cierta asiduidad, donde está Dios en determinados momentos.
Lo hizo ayer el Obispo de Valencia en el funeral por las victimas del accidente del metro y en pasadas fechas el propio Papa en su visita a los hornos crematorios de Auschwitz.
Luego no deben extrañarse si las personas corrientes y molientes que no tienen el soplo de ningún espíritu trasmutado en paloma detrás de la oreja, puedan poner en duda no solo su presencia, sino la propia realidad de ese Dios que no saben ubicar.
Siempre se ha dicho que doctores tiene la iglesia, pero mal asunto para su credibilidad y la de su menguante clientela, si son ellos mismos los que empiezan a dudar.
Me temo que las preguntas, tanto del Papa como del Obispo, están mal enfocadas. No sería mas riguroso el preguntarse:¿donde estaba la Iglesia?
En el caso del holocausto judío, si sabemos donde estaba la Iglesia y no era precisamente clamando contra ese terrible genocidio.
En Valencia, sin que exista ningún mimetismo con lo ocurrido en los campos de concentración, la Iglesia está muy ocupada preparando los boatos y fastos, cuantiosamente caros que se organizan para recibir al Papa.
Si Dios existe, no creo que sea el responsable ni de las muertes de los judíos ni de las 41 victimas del accidente del metro valenciano. No busquemos coartadas para evitar responsabilidades; como Dios no responde, no está ni se le espera es muy fácil involucrarlo en todo aquello que es difícil asumir por los mortales.
No fue Dios el que hizo la vista gorda ante el afán depredador de Hitler, ni el que enseñó a sus pastores a saludar brazo en alto y doblar la cerviz ante dictadores que firmaban penas de muerte después de tomar la comunión.
Si Dios existe, debe estar con los que mueren bajo el odio y no estar con los que justifican ese odio.
Si Dios existe, estaba en Valencia con esos abnegados policías, bomberos, médicos y gente anónima que da constantes lecciones de amor al prójimo y no está con esos indecentes que son incapaces de reconocer sus errores por seguir aferrándose a los mullidos sillones.
Si Dios existe, está con esa gente corriente y necesaria que se monta cada día en un tren desvencijado y ruidoso, camino de su trabajo o de su futuro y no está con esa clase de políticos que esconden su incompetencia y su soberbia con obras faraónicas y de relumbrón que solo interesan a su ego, olvidando lo primordial y cotidiano, lo que en definitiva hace la vida mas fácil para los ciudadanos.
Para encontrar a Dios, no hacen falta mastodonticas cruces iluminadas, ni altares con climas rebuscados, ni ingentes cantidades de flores amarillas, ni teatrales y multitudinarios golpes de pecho.
Es mas fácil encontrarlo en la alegría del trabajo bien hecho, en la mano tendida al que lo necesita, sea cual sea su condición, en la apertura sonriente a lo nuevo que la vida nos proporciona, a la sana vivencia de darse a los demás sin pasar el cepillo, en mirar al futuro olvidando pasados privilegios.
Mal asunto si los que deben dar ejemplo, empiezan a estar descolocados: o el Dios que predican, se les escapa por los pliegues de sus monocordes plegarias o tienen que ponerse al día y encontrar en los evangelios el Dios que necesitamos.


pepetxu dijo
Bien dices, Juan, como siempre.
Y a mí me pueden llamar demagogo por lo que voy a decir, pero con una pequeña parte de lo que se van a gastar indecéntemente en el montaje papal, se podía haber mejorado la infraestructura del metro siniestrado, por ejemplo.
Mis respetos a los que ahora sienten el dolor agudo de la impotencia.
Salud
5 Julio 2006 | 07:44 PM