LA VEJEZ

Irremediablemente y aunque yo haga lo posible por evitarlo y no quiera darme cuenta, soy un viejo.
Ya se encargan de recordármelo, los pequeños achaques que van apareciendo con cierta timidez, pero que se van quedando, como molestos inquilinos, en un hogar que ya va teniendo algunos desconchones.
Uno se levanta por la mañana pletórico de vida y con renovadas ansias de emociones, que se vienen estrepitosamente abajo, cuando lees en la prensa,esa noticia que siempre se repite: " un anciano de 67 años, es atropellado en un paso de peatones". Por encima de la posible villanía del conductor, tengo que prestarle atención a las primeras palabras de la noticia: " un anciano de 67 años".
Entonces me pregunto: ¿ donde voy con mi sonrisa y mis deseos de vida, si ya he cumplido 70?. Y te das cuenta de esa vejez que intentas ignorar.
Lo notas cuando en la caja del "super", el que va delante de ti, le dice "guapa" a la cajera y esta baja los ojos ruborosa. Si por cortesía, eres tu la que se lo dices, te mira directamente y te dice un !gracias, señor!, que resume en dos palabras el respeto a la senectud.
Te das cuenta, cuando el mancebo de la farmacia, ya te saluda por tu nombre de pila, con un respetuoso "don" por delante.
Eres plenamente consciente de tu edad, cuando recuerdas pasajes y vivencias ocurridas hace 60 años y te cuesta recordar lo que comiste ayer.
Cuando empiezas a creer que todo lo pasado fue mejor y tratas de buscarle problemas a las del presente.
Cuando, según palabras del lúcido pero centenario Francisco Ayala, uno empieza a ser su propio antepasado.
Te das cuenta de los años vividos, cuando empiezas a tener remordimientos por las cosas que no hiciste en su día. y que ya no te va quedando tiempo para hacer: por los libros no leídos, las músicas no escuchadas, los viajes no hechos, los besos no dados, los consejos olvidados. Por todo aquello que pasó a tu lado, mientras tú, seguramente, gastabas el tiempo en vaciedades.
A mí me prejubilaron cuando ni siquiera tenía 56 años. Cuando estaba en la plenitud de mi tarea profesional, cuando sabía todo lo necesario y mejor podía rendir en mi cometido, por el conocimiento que me daba una larga e intensa vida laboral pasada.
Pero debieron pensar, que esta es una sociedad donde debe primar lo joven y esplendoroso, antes que lo usado y sobradamente conocido.
Y me sustituyeron por un brillante joven "mileurista" y un ordenador de última generación. !No había color!.
A partir de ese momento he comprendido mejor que nádie el significado de la palabra "desechable". Me depositaron en un contenedor, después de limpiarme de ilusiones , para reciclarme en sujeto pasivo.
¿Se imaginan que hubiese pasado si hubiesen hecho lo mismo que a mí- salvando las demostrables distancias_ con Freud, Picasso, Einstein y un largo etcétera?
Lo bueno que tiene la vejez es que siempre viene acompañada de algo que siempre es necesario: tiempo libre. Te va quedando poco tiempo, pero todo es tuyo, no se lo debes a nadie.
Yo me he comprometido a llenarlo de la mejor manera posible y eso es lo que hago.
´Haré como Picasso: si me dicen que soy viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida.
Si los años me sepultan y caen inmisericordes sobre mí, al menos que me pillen ocupado.
En eso ando.


Jana dijo
Que me pille a mi con tu vitalidad e ilusión, Juan eso quiero yo.
Abrazos
22 Noviembre 2006 | 02:24 PM