EVOCACION DEBIDA A JUAN ALCAIDE, POETA DE LA MANCHA, EN EL LVI ANIVERSARIO DE SU MUERTE.
Como se puede comprobar, tengo bastante abandonada mi faceta de colaborador en esta Coctelera, sin duda debido a que en estos días de molicie y claridades, cuesta bastante ponerse a pensar ante en la soledad luminosa, pero soledad al fin, de la pantalla.
Pero ni en estas fechas, el escritor puede evadirse de sus obligaciones, no tanto para con los demás, como para sí mismo. Y ese es mi caso en el día de hoy, 12 de julio.
Un día como hoy, hace 56 años, fallecía en Valdepeñas, el hombre, que tras de mi padre, fue determinante en lo que yo soy hoy como persona.
Me refiero a Juan Alcaide Sánchez, del que tanto os he hablado, aunque demasiado poco para lo que le debo.
Este poeta que no ha sido reconocido, en parte a su propia modestia, y debería estar en todas las antologías de la poesía española contemporánea.
Pues bien este poeta, este maestro en todas las acepciones de la palabra, se fijó en mí (con 15 años), otros dos compañeros de curso y un estudiante de derecho, para crear la tertulia literaria “San Borce”, que apenas duró un año, al verse truncada por su muerte.
"San Borce, es decir que no salen al campo los gañanes. Cuando ha llovido o nevado, y la tierra está tan encharcada que es imposible la labor, ya lo sabemos todos: San Borce. Las mulas quedan en la cuadra y los gañanes, en la coicnilla del "cercao". Y la cocinilla adquiere entonces categoria de paraninfo de rústica universidad: fósfor de palabras nuevas, pimienta negra de picardías, silogismos de nadar y guardar la ropa... Y entre refrán y copla, riase usted maestro de las mas clásicas sutilezas del ágora, de los torneos dialecticos de Oxford. Yo tengo aquí una tertulia literaria llamada San Borce Es el "Catón" o el "Rayas" de lo espiritual de lo lírico. Cuatro discipulos y yo"
El propio poeta llama a esta tertulia “elementalísima clase de sensibilidad” y que en realidad terminó por ser una clase semanal de vida, de poesía, de sentimientos.
Aquellos jueves por la tarde que duran desde el final del verano del año 1.950, hasta su muerte en julio de 1.951, fueron para mí (y para mis compañeros) “una Enseñanza Media de la belleza”, un respirar aire puro, tras la irritante y oscura tristeza de una educación que coartaba, que ponía barreras y límites.
En esa tertulia se hablaba de poesía, de autores, de hechos cotidianos, se leían nuestros incipientes trabajos, que eran expuestos a la critica de los demás, siendo el maestro, quien dirigía, daba alas, cortaba vuelos, corregía sin ser ofensivo, ponía en el disparadero de la sensibilidad, a aquellos mozalbetes, que ante su presencia se sentían un poco mas cerca de la belleza.
Desde el comienzo de la tertulia, cuando recitando a coro el pareado que ideó par nuestra confabulación con la escritura y la vida y que era:
“Por la pluma gota a gota,
Gota a gota por la bota”
hasta el momento mas esperado, que era cuando el poeta nos leía sus últimas producciones, su correspondencia poética y hasta el final en el que nos prestaba algún libro de su voluminosa biblioteca, despidiéndonos siempre con una sonrisa, aunque el supiera que la muerte ya estaba acechándole, haciéndose audible en el ronco y negro rumor de su pecho.
Un jueves del mes de abril de ese aciago 1.951, al despedirnos nos dio a cada uno una pequeña cartulina, (que aun conservo) dentro de un sobre. En esa cartulina escrita en tinta roja, color sangre, en el anverso estaba escrito lo siguiente:
“Ahora lo que se queda sin decir Lapalabra
Octava, que Dios dijo… y no oyó nadie.
El llanto sin pañuelo.
El latido sin aire.
¡Todo lo que se comerá después la tierra,
cuando dice a comer eternidades!
Juan 19.04.1951 y en el reverso una sola y triste palabra que ya entonces nos pareció como una despedida definitiva: “Adiós”.
Hubo mas tertulias, aunque algún jueves nos llegaba el recado de que no habría reunión porque Juan estaba enfermo.
Hasta que un día de julio, mientras Nete, Mariano y yo jugábamos despreocupados en el patio de la bodega de un amigo común, Antoñito, el estudiante de derecho, nos vino a visar: “Juan quiere veros”.
En la penumbra de su alcoba solo se oía el sordo rumor de la muerte “minera de llanto”, que hacía su inexorable trabajo dentro de su pecho.
Nos cogió de la mano y nos beso uno a uno. Y no hubo más. Solo el sabor amargo de las lágrimas.
En un día como hoy hace 56 años, aquellos cuatro amigos volvimos a juntarnos, para coger con nuestras manos temblorosas, cuatro negras cintas que caían de su féretro.
Hoy con 71 años, sigo dándote las gracias Juan, maestro, poeta. Tú marcaste mi rumbo, ordenaste mis coordenadas y me marcaste la singladura, rumbo a la bondad y la belleza.
Eso te debo. Me quedé con lo que soy, que no es lo suficiente para tus expectativas, pero he tratado de seguir tu rumbo.
Por eso hoy, con gratitud te recuerdo, amigo Juan, maestro Juan, poeta Juan.








imagina dijo
Gracias por dejarme asomar a ver este poeta Juan Alcaide
Un saludo
12 Julio 2007 | 12:38 PM