PEQUEÑAS VACACIONES. UN VIAJE A LA GRACIA
Hacía tiempo que deseaba conocer Cádiz y adentrarme en la proclamada belleza de su costa y en la sonoridad poética del nombre de alguno de sus pueblos.
Y esta año ha me sido posible disponer de una semana, en la que he podido disfrutar de todo el esplendor y la gracia de esta tierra, que mejor que nadie supo entender Alberti al decir que “habría que llamar siempre Cádiz a todo lo dichoso”.
Debo agradecer a mí yerno Juan Miguel, el que este viaje haya sido aprovechado y cómodo para nosotros. Además de ser un incansable y muy apto conductor, nos ha servido de cicerone por estas tierras que tan bien
conoce.
La primera parada la hicimos en Córdoba. Fue lo que suele llamarse “parada y fonda”. Los viajeros conocíamos ya la belleza distinta de la Mezquita, las murallas, la catedral con su excesivo tesoro, ya habíamos contemplado la morena belleza de los cuadros de Romero de Torres, el mármol hecho vida de Mateo Inurria, la Plaza del Potro, el Cristo de los Faroles, ya en otras ocasiones nos habíamos perdido por las estrechas calles de la Judería. En esta ocasión solo el debido descanso nos llevó a esta bella ciudad andaluza. Es proverbial la forma cariñosa de recibir de esta ciudad, pero debo decir en honor de la verdad que su “caluroso recibimiento” fue excesivo. La Plaza de Las Tendillas, parecía una olla Laster, a punto de soltar vapor por la espita de salida de la estatua del Gran Capitán.
Una ducha, una rápida e inevitable visita a alguna calle comercial, y cuando el sol trataba de esconderse,rojo y avergonzado de tanto efluvio, fuimosa la busca de la Judería, en pos de un ligero yantar, que ninguno de los que íbamos somos de grandes cenas, en Casa Pepe de la Judería, taberna restaurante de la que ya nos habían hablado con delectación.
Y fue un primer acierto, en este viaje que también ha tenido mucho de gastronómico. (No me llaméis “tragaldabas”, la gastronomía, a mas de placentera, también es cultura)
Optamos por no subir la comedor y “tapeamos” dejándonos llevar por los sabios consejos de un agradable camarero, que con gracia y habilidad, nos condujo sabiamente por los entresijos de una “carta” llena de jugosas sugerencias.
Remojón bellamente presentado, tortilla de rabo de toro, tortillas de camarones, chopitos en salsa, unas berenjenas delicadamente rebozadas, que engalanaban su crujiente realidad con un toque moruno de miel de caña y una especie de sopa fría llamada “mazamorra”, que nos supo sensacional. Tanto que pronto probaremos a hacerla, pues es sencilla y pintiparada para estos calores.
Si alguien quiere probar, siga la dirección de esta receta.
Un paseo por el embrujo nocturno de esta ciudad cristiana y mora, que ha sabido remozarse llenándose de amplitudes y de verdes alamedas y jardines, para finalmente recalar en el peligroso, pero ansiado, aire acondicionado del hotel, dispuestos a reparar las fuerzas necesarias, para seguir este viaje, para mí iniciático, en busca de la gracia y la luminosidad de ese Cádiz eterno, precursor de muchas bondades.
Os seguiré contando.







Oli dijo
por lo que cuentas el viaje ha sido factastico. En septiembre puede que vaya a Cordoba, asi que leyendo tu post ya he ido pensando en mi viaje, jejejeje
BESOS!!!
26 Julio 2007 | 02:15 PM