SINDROME DE DIOGENES

Ahora que la terca lluvia de los años va mojando, irremediablemente, mis hombreras. Ahora que atesoramos soles, para sacarlos en los días tristes del otoño, ahora entiendo y justifico ese afán de guardar de los que ya por la edad hemos perdido tantas cosas. Son muchos los señuelos y las trampas que están a nuestro lado y no alcanzamos. Son tantos los sueños que se fueron y tanta la juventud que nos rodea que no queremos perder lo poco que nos queda. Si repasamos el álbum de ilusiones amarillas sombras acaparan el debido color con que nacieron. Avariciosos de historias ya pasadas, queremos guardar los besos primerizos de un amor apenas esbozado. El calor de la piel que tremolaba en la nerviosa textura de la mano. Guardar los versos que nacían al borde de libros ilegibles, y ponerlos junto a aquel mensaje que alguien nos mandó desde el Olimpo. ¡Que nadie se atreva a hacer limpieza en los papeles de cosas trascendentes! Hay mucha vida no vivida y muchas ansias que fueron y no han sido. Queremos llevar a nuestra casa las sonrisas que no encuentran su destino, los abrazos que pudieron y no fueron, las canciones que hablan de futuro, los versos de amor que nadie dice, el viejo juguete que no tuvimos y que ahora los niños abandonan. Ya perdimos muchas cosas por dar a los demás lo que pedían ¡Que no nos quiten la esperanza de buscar aquello que no hicimos!









Marilia dijo
Lástima que intamos atrapar justamente esas cosas que tan fácilmente se nos escapan de las manos...
Y al final nos encotramos con miles de trastos inservibles, que no son más que la materialización de un recuerdo que nunca quisimos perder...
Y las guardamos en peligrosas cajas de Pandora... que alguna vez se destaparon explosivamente y otras simplemente se deslizó el contenido por entre aquellas ranuras que no supimos tapar...
Afortunadamente siempre nos queda un presente para seguir atesorando.
Yo también sufro de Diógenes, a pesar de la edad (mal de muchos...)
Un abrazo
10 Septiembre 2007 | 01:09 PM