LA MUY LEAL OPOSICIÓN

Creo recordar que fue el propio Fraga, el que acuñó por primera vez en España, el término “la muy leal oposición”.
Su estadía, como embajador en el Reino Unido, le permitió conocer “in situ”, esta democrática costumbre, que por lo que parece no caló muy hondo en los jóvenes cachorros de su partido. No sé si por su demostrable falta de lealtad institucional, o por que ellos no son capaces de sentirse oposición.
Lo malo de esta muchachada que ocupa los bancos azules del Congreso , es que no tratan a sus colegas del gobierno como iguales, si no más bien como auténticos usurpadores, que deben abandonar cuanto antes lo que por tradición les corresponde. El que los ciudadanos hayan depositado en las urnas mas votos a los que gobiernan que a ellos, no puede tener otra explicación que una enmarañada confabulación que los han confundido y que vienen a demostrar la poca solidez de sus ideas políticas. En una palabra: consideran al pueblo soberano dúctil, maleable y poco enterado.
Solo con seguir por la televisión algún debate en el Congreso o en el Senado, de puede comprobar que de leales, nada de nada.
Para ser leal haría falta, primero, saber escuchar las razones del contrario y saber argumentar con razones de peso y enjundia, para que el ciudadano supiera que opción le es mas provechosa.
Lo que no se puede es tratar de imponer las ideas, apoyándose en gritos, risas y salidas de tono, más propia de muchachos que no han estudiado las normas del buen ciudadano, que de hombres de fuste.
Ni siquiera, cuando lo que se lleva a la palestra dialéctica, son asuntos que atañen a grandes cuestiones de Estado, esta “leal oposición” ha sabido comportarse con la fidelidad debida a la alta institución que deben defender y no han dudado en demostrar, tanto su falta de honradez institucional como su desprecio hiriente hacia las personas.
Por una parte están los inamovibles que, prefieren colocar a rajatabla las rígidas directrices de su partido, a pensar en el bien común.
Por otra la vieja guardia que en vez de poner sus cinco sentidos en los deseos de los ciudadanos, están mas pendientes de lo que ordenan los “autores intelectuales” de esta clase de política, que están en cercanos despachos y en no muy lejanos y provechosos desiertos editoriales, mientras sacan lustre a sus finanzas con poliglotas conferencias, en las que si es necesario, se maltrata el nombre de España en función del oyente que paga.
Y luego están también, los falsos servidores, los confesos de estar en política por razones poco altruistas. Los que se ciscan en el compromiso ético que ellos mismo firmaron en abril del 93 y les da los mismo estar encausados o con los dos píes en la cárcel, pero siguen aferrándose a sus cargos y sus prebendas.
Oponerse, no tiene nada que ver con mentir, con pisotear el bien ganado prestigio de policías, no tiene nada que ver con utilizar la justicia como una institución a su servicio que les permita lavar sus fracasos en las urnas. Oponerse no es buscar atajos por andurriales oscuros y retorcidos, propensos a la trampa y la navaja barriobajera.
Se consigue mas, escuchando las certeras sentencias de los ciudadanos que tratando de fabricar una verdad, apoyándose en cimientos de mentiras. Pero algunos están dispuestos a ahogarse con sus propios vómitos y no dejan de regurgitar consignas que ya nadie comparte.
La palabra clave de la transición, la que hizo posible que el difícil entramado de una nueva Constitución, pudiera sujetarse en sólidos pilares, fue el consenso. La voluntad de acuerdo, el mirar al bien común antes que a las ideas propias.
Pero lo que no puede tolerarse, es la hipocresía de los que hablan de consenso y no son capaces de bajar ni un solo escalón de sus estáticas posiciones.
O lo que es lo mismo: ¡consenso, sí!, pero siempre que vosotros hagáis lo que yo quiero .
Y si no es así, ya sabéis lo que os espera. Una España rota, una familia desunida, una juventud adoctrinada por los rojos, el paro, las malas cuentas de un gobierno inepto, la vuelta de los vencidos. O lo que es lo mismo, el apocalipsis según los apóstoles de la mentira y la bronca.
Nada tendrá remedio hasta que ellos, esta “muy Leal Oposición”, vuelvan de nuevo al poder, sin el que no saben vivir.






el-hombre-del-tibet dijo
La democracia, literalmente gobierno del pueblo, pues esta palabra tan simple, todavía la desconocen muchos de la muy in leal oposición.
En términos políticos la legitimidad es la capacidad que permite ejercer el poder sin necesidad de recurrir a la violencia, pues dicha palabra es también desconocida para la muy in leal oposición.
Podría seguir nombrando palabras, pero me voy a abstener ¡creo que estoy en mi derecho! ya que creo que la mayoría de la muy in leal oposición han tenido suficientes posibilidades en sus buenos colegios del opus dei de aprender estas y otras muchas, por ejemplo: honestidad.
Es más fácil acusar a un inocente ,que buscar al asesino, siempre han sido los mismos métodos.
Un abrazo amigo Jota
6 Noviembre 2007 | 06:11 PM