TECNICA Y PELEAS

Veo algunas cosas que ocurren en la actualidad y casi siempre acabo refugiándome en ese desván acogedor y caliente de la infancia, donde solo la candidez y la risa tienen vigencia.
Vienen repitiéndose con una dolorosa realidad, los ataques a escolares, incluso dentro del propio lugar de enseñanza, como un juego más que añadir en la hora del recreo.
Dejaré para otra ocasión el comentario, acerca de cómo se enfoca este problema por parte de la autoridad educativa y sobre todo, por la parte judicial.
Hoy mismo leo en la prensa, la sentencia de un juez que exculpa a unos niños que maltratan a otro, por no poderse demostrar que eso sea un maltrato continuado. (La justicia cada vez me produce más estupor y rabia y dudo mucho de la capacidad moral de algunos de sus representantes). Pero repito esa es otra historia.
Nosotros de jóvenes también nos peleábamos y por decirlo de una manera grafica, reñíamos mas a lo bestia.
Me acuerdo como si fuese ayer, las “pedreas” a la salida de la escuela o del instituto.
“Los de la plaza” contra “los de la calera”. Nuestro particular “O.K. Corral”, las primeros riscos del cerro de San Blas; armas, piedras de cualquier tamaño y peso, algún “tirador” de buena y gruesa goma y para los muy avezados, “hondas” de grueso cáñamo para proyectiles de más enjundia.
El conocimiento del lugar y la hora se conseguía a través de un “mandado” neutral que servía de correveidile de ambas facciones en guerra.
Todo acababa, cuando uno de los bandos contendientes, tenía bajas importantes o no podía parar las andanadas del oponente, dándose por vencido, escondiéndose en la fuga en las primeras casas del pueblo.
Los vencedores, con griterío arrogante y chulesco, dejaban bien patente la falta de hombría de los muchachos que habitaban en el barrio perdedor, mientras ensalzaban sus redaños y sus viriles pertenecías.
Y todo sin árbitro ni testigos. Solo con la naturaleza como escenario y con la posible revancha, como único premio para los vencidos, que los ganadores ya tenían suficiente con su victoria.
Respecto a los padres, solo se enteraban aquellos que habían tenido la mala suerte de que su hijo hubiese estado lerdo a la hora de evitar la pedrada y la sangre y el mugriento pañuelo anudado a la cabeza, le señalaran irremediablemente, como escalabrado; teniendo que soportar además algún que otro azote que sumar a la indignidad del perdedor recalcitrante.
Veamos ahora lo que ocurre en la realidad actual: dos o tres amigos se ponen de acuerdo a la hora de elegir la victima, sobre la cual no tienen ninguna rencilla, ni tribal ni de rencores, pendiente.
Eligen con cierto mimo y énfasis el escenario, cuidando bien la escena y la luminosidad pertinente.
Por otra parte, eligen también el compinche necesario para que el total devenir de la preparada y ventajosa pelea, pueda ser posteriormente plasmada.
Mientras los tres “valientes” apalean y vejan al desasistido enemigo, el cuarto escoge los mejores angulos para grabar con el teléfono móvil la singular pelea, tratando además de encuadrar en la escena el paso de gente que, como extras sin voz ni agallas, pasan de y por la escena, sin poner coto a la encerrona.
Dura, el tiempo que puede usar el vídeo el asqueroso aprendiz de Cecil B. de Mille.
Pero el ego de estos “matones” no es como el de mi infancia que consistía, como he dicho, en guturales muestras de alegría.
Ahora les queda lo más importante, tiene que hacerse famosos a través de la red. Ya que les puede resultar difícil conseguir los tres minutos de gloria de los que hablaba Andy Warhol, al menos que You Tube haga el milagro de darlos a conocer y si es posible les procure algunos euros.
Siempre he creído en la bondad de la tecnología. Su fin primigenio debe ser hacernos mejores y mas felices, ayudarnos a solucionar engorrosos problemas que nos hacían sufrir, colaborar con el ser humano en que todo sea mas llevadero y practico.
Así debería ser, pero está comprobado que los hombres parecen no poder desembarazarse de su condición animal y siempre termina por encontrar el lado oscuro de aquello que nació blanco y sin mancha.
En el principio fue un juguete para que los niños ejercitaran sus habilidades con los dedos, después un simple juego de hacer desaparecer marcianitos de una pantalla, de aquí a otra máquina un poco mayor donde con patética crudeza se reproduce la barbarie y la sangre de cruentas batallas.
El teléfono móvil, ha sido un provechoso invento para la humanidad y sería una perdida de tiempo enumerar aquí, sus muchas ventajas.
Internet, la revolución tecnología que seguro dará nombre a una nueva era. La comunicación definitiva y posible entre todos los hombres de la tierra.
Pues bien esta trilogía de la técnica se ha puesto en las manos de unos desarmados irresponsables y mal educados, para hacerse aprendices de gánsteres, futuros maltratadores, criminales en potencia mientras, muchos padres, algunos directores de colegios y como se ve, algunos jueces, acaben diciendo que esto “es cosa de chicos”.
Nosotros seríamos más brutos, pero me quedo con las “pedreas”.








theo dijo
El Estado. La dejación de funciones del Estado conlleva estos despropósitos. La técnica es aséptica, ni buena ni mala. Es el uso el que lleva aparejados calificaciones morales. El derecho al honor y a la imagen debería estar por encima de la libertad de prensa y de expresión, y deberían habilitarse medios para controlar que, no sólo no se puedan subir estas aberraciones a la red, sino que, de oficio, se encause a los artífices. Y, por supuesto, no dar publicidad al asunto, porque ya son demasiados los casos en que constatamos la veracidad de la observación napoleónica: "Un sot toujours trouve un plus sot qui l'admire"
Saludos!
14 Noviembre 2007 | 11:45 AM