TIEMPO NUEVO.- LOS EUROPEOS.- RAFAEL AZCONA

Ha muerto Rafael Azcona. Escritor, humorista, guionista, pero sobre todo lúcido y corrosivo narrador de una España agria y macilenta que el nos supo mostrar embelleciéndola con un agridulce humor, lleno de bondad y exento de venganza.
Lo leí por vez primera gracias a sus colaboraciones en La Codorniz, con su Repelente niño Vicente, pero sobre todo disfruté de su lirismo a ras de pueblo, en todas y cada una de sus películas.
El pasado año leí Los Europeos, una novela suya que ya había sido publicada en el año 1960, pero que se había autocensurado, porque los tiempos no estaban para cuerpos desnudos tendidos en la arena.
Esta novela muy bien narrada y con unos diálogos fluidos y llenos de verdad, narra la historia de un “hijo de papa” que al final de los años 50 organiza un viaje a la Ibiza por donde entra la modernidad y la libertad de costumbres, pensando en lo fácil que le va a resultar ligar con europeas. Para que le sirva de escudero y usando la potestad que le da el ser el hijo del jefe, consigue que le acompañe, Miguel Alonso, delineante de la empresa de “papa”.
Un variopinto mundo de raros personajes, pasan por la novela, mostrando todos ellos sus desesperados deseos de una vida nueva y distinta.
Al final el amor, con sus locas contradicciones y recovecos, se hace presente entre Miguel y Odette, una joven francesa, visitante de la isla.
Os dejo una página de la novela:
Janos llevaba el pelo, mas gris que blanco, peinado hacia atrás y pegado al cráneo; tenía el rostro atezado por el sol y el mar, los ojos azules, las manos grandes y dura y el hígado, decía él, de porcelana; hablar hablaba en diversos idiomas, entre ellos un español salpicado de modismos; debía andar por los cincuenta, pero aparentaba algunos años más. Miguel lo había conocido una madrugada en Ses Guitarres, ebrio con la circunspección de un ingles y cantando Ochi chiornye con la gravedad de un bajo ruso. Ahora sudando bajo el sol de mediodía, le ayudaba a calafatear un viejo laúd que el húngaro había salvado del desguace.
-En 1954, al convertirse Hungría en un país satélite de la Unión Soviética, yo, que era agregado de algo en la embajada húngara en Madrid, me quedé en la calle con una mano detrás y otra delante .Entre irme a Ávila a pedir limosna y venirme a Ibiza a tomar el sol, no lo dudé: el frío no tiene piedad con los pobres.
Janos, habitualmente reservado, aquella mañana estaba locuaz. A Miguel la pregunta le salió espontanea:
-¿Y no pensaste en trabajar?
- Me han educado para ser rico, sólo sabía montar a caballo, bien; tocar el violín, mal; y hablar varios idiomas, aceptablemente. Está claro que con estos conocimientos sólo podía aspirar a colocarme de portero en un gran hotel. Aquí me las arreglo con unos pantalones, un par de camisas de algodón, unas alpargatas y este bañador que llevo puesto; para las fiestas tengo un foulard y los tres o cuatro días de invierno que hace frio me abrigo con una capa negra que me regaló un amigo guardia civil cuando se jubiló. Pero sigo siendo un señor.
Janos, con una risita irónica, puso en duda el corolario de su currículo.
-¿Y la nostalgia?
.-De Budapest, no vale la pena. De Madrid… Hombre, s: del bar del Palace. Seguro que me dejarían entrar: conservo un traje hecho a medida una camisa de seda, una corbata y unos zapatos. Tendría que comprarme unos calcetines, eso sí. Ah, y unos calzoncillos. Pero lo veo difícil: soy completamente apátrida y no tengo documentación. A cambio, voy a ser el patrón de mi propio barco: solo me falta comprar un motor de riego de segunda mano y ponerle una hélice.
Palmeó la panza del laúd como si fuera la de un caballo.
Tan discretamente como ha vivido, se nos ha ido otro gran hombre. De esos que no suelen tener estatua, pero que aunque no están, lo notas cerca de ti.






el-hombre-del-tibet dijo
Cuanto más grande es la persona, mas cautelosamente pasan por la vida, es casi, casi, una norma general.
Un abrazo Jota
26 Marzo 2008 | 10:29 PM