TIEMPO VIVO 3 .- WALT WHITMAN

Por el año 1.970, mis posibilidades pecuniarias no debían ser muy boyantes.
Cuando se pasó por mi domicilio el vendedor de la Editorial Aguilar, por otra parte viejo conocido, solo le compré una edición en piel, pero en miniatura de las Obras Escogidas de Walt Whitman, que mas parecía un breviario de seminarista que la traducción hecha por Concha Zardoya, de los mas importantes poemas del , para mí, mejor poeta de Estados Unidos.
Desde ese lejano año de 1.970 hasta hoy he repasado mucho las páginas de ese breviario que me han enseñado mucho acerca de los sentimientos democráticos y hondamente humanos. Ahora cada vez me cuesta más leer sus poemas dada la pequeñez de la letra del librito, pero aun así lo suelo releer con cierta frecuencia.
He elegido para vosotros el poema XLVIII DEL Canto a mí mismo de su libro “Hojas de Hierba”:
Yo he dicho que el alma no vale mas que el cuerpo, y he dicho que el cuerpo no vale mas que el alma, y que nada, ni Dios, es mas grande para uno que uno mismo.
Y aquel que camina una sola legua sin simpatía,
Camina en un sudario a su propio funeral.
Y yo o tú, sin un centavo, podemos comprar el pico mas alto de la Tierra;
Y el fulgor de una pupila y un guisante en su vaina confunden a la ciencia de todos los tiempos.
Y no hay mas oficio o empleo que aquel que enseña al joven a ser un héroe.
Y que no existe un objeto, por blando que sea, que no pueda trocarse en el eje de la rueda del Universo.
Y digo a todos los hombres y mujeres: “Que vuestra alma conserve la serenidad y el dominio de si misma ante un millón de universos”
Y digo a la Humanidad: “No seáis curiosos con respecto a Dios.
Porque yo, que soy tan curioso con respecto a todo, no tengo ninguna curiosidad por Dios”
(Ningún lujo verbal podría expresar cuán tranquilo me siento acerca de Dios y de la muerte)
Yo oigo y veo a Dios en cada objeto, pero no lo comprendo,
Como no comprendo que haya nada en el mundo más admirable que yo.
¿Por qué he de empeñarme en que Dios sea mejor que este día?
En cada una de las veinticuatro horas veo algo de Dios, y en cada minuto también.
En los rostros de los hombres y mujeres, yo veo a Dios y en mi propio rostro del espejo.
Encuentro cartas de Dios en la calle, y todas ellas están firmadas con el nombre de Dios.
Y las dejo donde están, porque sé que en cualquier sitio encontraré otras semejantes.
Otras llegarán puntualmente hasta mí, por los siglos de los siglos.




el-hombre-del-tibet dijo
Hoy me encontrado este poema aquí (muy hermoso por cierto)y no por casualidad, ya que he venido a piñón fijo, como solemos decir vulgarmente, sin duda por aquí también ha pasado la mano de ese Dios al que yo tampoco comprendo muy bien y tampoco me preocupo demasiado en entender, ya que simplemente me dejo llevar por las horas y por los días ,por supuesto agradeciendo cada despunte de sol que veo nacer, no sé bien si mi agradecimiento de hoy se lo debo a Dios o un tal Jota que tiene poderes curativos aunque no pertenezca a la iglesia evangelista, ni sea un telepredicador famoso.
Un abrazo amigo
23 Abril 2008 | 12:47 PM