COMERSE EL MUNDO

Aquel día se levantó temprano y alegre. Se miró en el espejo y le dijo a su propia figura reflejada: “!Hoy nos vamos a comer el mundo!”.
Después de lavarse los dientes, ensayó una sonrisa para comprobar si era en realidad tan luminosa como la del hombre del anuncio de su pasta de dientes.
Se peinó cuidadosamente, con una perfecta raya y se alisó el pelo con gomina, para dar una mayor sensación de persona formal, sin pensar que tan poco son mucho de fiar algunos de los que al usarla, ni se les mueve el pelo ni la conciencia.
Se puso unas gotas de colonia de un casi acabado frasco que hacía años le había regalado una novia poco original, en un día de San Valentín, con el fin de mejorar "en las distancias cortas"
Trató inútilmente de enderezar la raya del pantalón y de conseguir, infructuosamente, un poco lustre a la punta de sus zapatos con el socorrido y barato método del salivazo.
También pudo encontrar, tras azarosa búsqueda, una vieja corbata que precisamente no era la más indicada para el color de su camisa, pero se conformó recordando que en algún sitio había leído que era moderno combinar colores.
También puso en limpio y modernizó su currículo, añadiendo algún idioma y titulo que terminaba por darle una prestancia y empaque diferente.
Salió a la mañana y al mundo, como si de verdad el Actimel que se había bebido le hubiese dado la potencia y vitalidad anunciada.
<<<<<<
Cuando volvió por la noche, todo era diferente: se había disipado la fuerza, la sonrisa era mas triste, el pelo estaba revuelto y los aromas se habían evaporado.
Le dolía el estomago. Había tratado de “comerse el mundo” y ahora sufría una indigestión de fracasos.
Miró en la despensa y tampoco tenía bicarbonato.
!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->





veli dijo
¡Qué pocos son los que consiguen comerse el mundo! Tienes mucha razón, Juan, no creo que haya medicina que pueda curar tamaña indigestión.
Yo pienso que lo más frecuente es que el mundo nos engulla en su enorme engranaje y quedemos atrapados, sin más reacción posible que la resignación...
Un abrazo
22 Febrero 2009 | 09:52 PM