¿QUE PINTO YO AQUÍ?

Debo reconsiderar mi situación. Es lamentable, pero me temo que he estado perdiendo lastimosamente el tiempo. Y lo triste es que he tardado prácticamente toda una vida, para darme cuenta de que todo aquello que yo creí que debería ser rocoso e inamovible, se viene desmoronando ante mí como si de un castillo de arena se tratara.
Uno fue confeccionando una vida tratando de apoyarse en axiomas que le fueron enseñados y en los que siempre creyó. Llegó incluso a luchar por defenderlos, se granjeo antipatías e incluso serios problemas, cuando defender esas creencias era enormemente peligroso.
Pero, vuelvo a repetir, esas convicciones eran inamovibles, porque me fueron enseñadas por hombres preclaros que con su verbo, sus acciones y su comportamiento, se erigieron en maestros y ejemplos.
Y con ese bagaje y el joven afán de encontrar en los libros sólidos argumentos que dieran aún mas consistencia a las propias convicciones, el niño que fui, se lleno de empuje y salió a la vida bien pertrechado de buenos sentimientos, dispuesto a luchar por un mundo mas justo.
Algunas de las cosas que aprendí, me costo tiempo y sinsabores conseguirlas. Y cuando pude usarlas, bendije a aquellos iluminados que me enseñaron y utilicé mi ansiada libertad con la candidez del niño que estrena un juguete largamente deseado.
Pero he aquí, que a estas alturas de mí vida, aquello que di por hecho y que fue primordial para mí, compruebo que ha dejado de tener vigencia.
Yo quería unos políticos que fuesen ejemplares y me representaran con dignidad y fuesen los que estuviesen prestos a escuchar mis problemas y tratar de solucionarlos.
Eso era lo que quería, pero no esta jauría de perros ansiosos de poder, esta manada de trileros sinvergüenzas, que, a la antigua usanza, esconden sus rapiñas en colchones o los mas modernos y sofisticados y pulcramente vestidos con trajes a medida de bajo coste, roban inventándose laberinticos entramados por donde el dinero que nos esquilman, se trasiega por escondidas tuberías que siempre van a paras al bolsillo del sinvergüenza y sus adláteres.
Esos abnegados que deben cumplir con la sacrosanta actividad de regir los asuntos públicos, pero más que a eso, se dedican a poner trampas y chivatos alrededor de su sillón y su cofre, temerosos de que algún compañero se lo arrebate.
Esos que se alían “contra natura”, que admiten abrazos de oso, por miedo al que dirán, cuando lo lógico es mantener las creencias y los programas que le llevaron a gobernar.
Más que espejo donde mirarse, son paladines de la mentira, de la cara dura, del desahogo. Y lejos de agradecer la confianza que en ellos hemos depositado, nos tratan como niños ignorantes o como imbéciles crecidos, siempre dispuestos a tragarnos sus mentiras, traspasándonos el rubor que solo debería habitar en sus caras de cemento.
Si siempre he creído aquello que Juan Luis Vives decía:”desterrada la justicia que es vínculo de las sociedades humanas, muere también la libertad que está unida a ella y vive por ella.”
Para mí, justicia y libertad están siempre irremediablemente unidas, por eso cuando ahora veo los tortuosos caminos por donde transita esa virtud cardinal que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece, cada vez temo más por la libertad.
Una justicia que desgraciadamente se imparte según el pedigrí, el color y la relevancia de quien la solicita. Es de vergüenza el comprobar como los políticos (ciertos políticos), buscan con taimada insistencia llevar sus presuntos (pero demostrados) cambalaches al calor de jueces a los que algo les deben, sabiendo que juegan en campo propio.
Y se salen con la suya. Al que castigan por robar una barra de pan, no tiene posibilidades de ningún tipo de gracia. No se mueve por los mismos salones. Sin embargo al poderoso, siempre les llega el perdón, bien por que algún documento está mal redactado, porque después de buscadas dilaciones perpetradas por esa misma justicia, los plazos se acaban y aquello que ayer era flagrante, hoy ya no existe. O porque a lo que es perfectamente demostrable y reconocido por el prohombre incluso con sus mismas palabras, se les busca algún impedimento y las palabras oídas por todos, dejan de tener valor.
Luego está el llamado cuarto poder. La prensa. Esa prensa que manipulada por hombres ansiosos de notoriedad, pretende saltar por encima de los otros poderes y colocarse en el primer puesto del escalafón, mintiendo a sabiendas de que lo hacen e intentando usurpar el mandato del pueblo, para subir al poder a aquellos que les son mas proclives y estén mas dispuestos a pagar los servicios prestados, aunque para ello tengan que ciscarse en las convicciones y preceptos que han aprendido.
Y por último, el pueblo llano. Ese del que siempre se dice que jamás se equivoca. Yo también lo creía, pero a la vista de su comportamiento, he dejado de creer en su certeza y ecuanimidad. Tal parece como si, a más delincuencia, a más fechorías, a más latrocinios dentro de los partidos políticos, más apoyo y más votos. Las siglas están por encima de los comportamientos. Las consignas por encima del sentido común.
A este pueblo, maniatado y adormecido, parece que solo le importa el currusco y el queso de su zurrón y lo que atañe a los demás, les trae sin cuidado, tragando lo que les echen sin pestañear.
Por eso me hago la pregunta que inicia este escrito: ¿Que pinto yo aquí? Se me ha venido abajo todo el entramado vital de persona solidaria que siempre respetó a las instituciones Me siento como un naufrago en una isla poblada de gente a la que solo le importa lo suyo y no está dispuesta ni a interesarse ni a pedir explicaciones.
Me acuerdo del brillante Adolfo Marsillac y me digo y os pregunto: “yo me bajo en la próxima ¿y usted”?
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padron-duenas dijo
Te digo lo que pintas…, acabas de pintar un cuadro de la situación que todos se quejan y nadie se atreve a coger la brocha y pintar las paredes con la verdad. Citas a Vives alguien que estudié y llegue a admirar. Me topé con el leyendo sobre Enrique VIII y su divorcio con Catalina de Aragón. Desde ahí quede fascinado con su obra y su historia
No desistas, no dejes de pintar… porque existes y por existir declaras verdades necesarias. Te digo lo mismo que le repito a nuestro amigo Diego. Esas verdades son las que deben estar pintadas como graffiti por todas las urbes y carteles. Quizás no solo le abra los ojos a estos ciudadanos maniatados, puede ser que les quite las cadenas.
Un abrazo. Armando
15 Marzo 2009 | 06:55 PM