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La Coctelera

jotatrujillo

10 Mayo 2009

DON MANUEL Y SUS RAPACES

 

 

....quosque tandem Catilina....

 

La clase era un rumor de conversaciones y risas. Don Manuel, nuestro profesor de latín, acurrucado en el sillón se defendía del frío, metiendo sus manos en los bolsillos de su enorme y ajado abrigo gris. Por debajo de la mesa, sus piernas estiradas dejaban ver unos enormes zapatos con sendos agujeros en las suelas. Tenía los ojos cerrados, como en duermevela.

Los estudiosos que se afanaban en su traducción y los que jugábamos o conversábamos, solo éramos observados por las miradas adustas, pero sin brillo de Franco y José Antonio.

De vez en vez, si el rumor de las conversaciones se agrandaba, el profesor se rebullía en su sillón, se alzaba las solapas del abrigo y repetía su monocorde oración de reprimenda:

 

...quosque tandem Catilina abutare patientia nostra.

 

Don Manuel era gallego. Nadie sabía ni por qué ni como había ido a parar a nuestro instituto. Algunos comentaban, que era debido a ciertas ideas políticas poco recomendables en aquellos años.

Lo que sí sabíamos con certeza, es que era padre de muchos hijos, (nunca los pude cuantificar), a los que llamaba "mis rapaces"; que de su fondo de armario solo conocíamos su viejo abrigo gris, que usaba siempre y que tanto él como su mujer, ( a la que nadie conocía), y sus hijos, pasaban hambre.

Tanta hambre, que hasta nos agradecía una cuantas espigas granadas que trajimos del cerro, después de haber hecho novillos en "la maría" de la clase anterior.

Debo confesar que el aprobado de su asignatura era relativamente sencillo. Dos o tres, los "empollones" la aprobaban mediante una formula que a los demás nos parecía extraña y antinatural. Es decir, estudiando.

Otros lo conseguían copiando en los exámenes que solían ser traducciones escritas.

Y aún había otros que ni se molestaban en copiar y aprobaban regalándoles el pan y chocolate de la merienda a cualquiera de los rapaces que jugaban en la plaza, encargándoles al tiempo que se lo dijera a su padre, anotándoles, incluso, nombre y curso.

Permitidme, amables lectores, que no os aclare en que grupo de los dichos  me encontraba yo.

Don Manuel solía adelantarnos las notas de viva voz unos días antes del final del curso.

 

A pesar de lo anteriormente expuesto, aquel curso del año 1946 hubo un suspenso en latín. Omitiré por educación, el nombre de aquel alumno. Alguien puede conocerlo y no es de recibo a estas alturas, menoscabar su consolidada reputación,

 

...Mengano de Tal.... 0

Todos no volvimos extrañados, mirando a nuestro compañero. Una sonrisa beatifica iluminaba su cara pálida y mofletuda. Tal parecía que la noticia no le afectaba lo mas mínimo.

Se levantó con parsimonía y en alta voz y sin importarle en absoluto el que todos pudiéramos escucharle, se dirigió a Don Manuel.

:- Mi padre me ha encargado, que sea cual sea la nota que tenga a bien de ponerme, le haga entrega de este obsequio, como reconocimiento de la abnegada labor que usted tiene con nosotros.

Dicho esto le entregó en mano un vale de 5 kilos de pan de una conocida panificadora.

Don Manuel miró el vale de cartón. Nos miró a todos con un rictus de perplejidad, creo que hasta titubeó y al final guardo el vale en el bolsillo de tapa de su ajado abrigo gris y no dijo nada.

Mengano de Tal volvió eufórico a su pupitre y los demás agachamos un poco la cabeza.

En el Libro de Notas, Mengano de Tal, obtuvo un notable en Latín, aquel año de 1946.

Por lo menos "los rapaces" comieron pan candeal en abundancia durante unos días.

 

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Aquel último día de clase, como todos los demás, los alumnos formábamos militarmente en el patio del Instituto, para el acto solemne de arriar banderas.

Delante del mástil con las tres banderas, la nacional, la de falange y la requeté, el director, el profesor del Espíritu Nacional y el sacerdote profesor de religión. Breves palabras del Director, exaltada arenga del profesor de fino bigote y camisa azul y unas oraciones del sacerdote pidiendo por el Caudillo, fueron el introito para el canto del "Cara al Sol".

 

Yó,  que era alumno de los primeros cursos, estaba al final de las filas y muy cerca de la puerta de salida.

Mientras nos desgañitábamos tratando de dar el mayor aire marcial posible a lo de "que tú bordaste de rojo ayer", pasó por mi lado Don Manuel, el profesor de latín, camino de la salida con una vieja cartera de cuero bajo el brazo, encorvado, arrastrando sus zapatos con agujeros en las suelas, con la cara macilenta mirando al suelo y con su enorme, ajado e incongruente abrigo gris.

 Le oí decir, esta vez con rabia y en castellano con un particular acento gallego, mientras miraba las banderas:

 

.-!!!Hasta cuando, cabrón paisano, vas a abusar de nuestra paciencia!!!

 

Entonces no supe a quien se refería.

 

 

servido por jotatrujillo 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

annabel-lee

annabel-lee dijo

Me ha encantado, lo he leido como muchos de tus escritos con una sonrisilla en los labios, recuerdo un dicho que aun conservaba mi madre cuando yo era pequeña para referirse a alguien que le faltaba lo esencial "pasa mas hambre que un maestro escuela", me ha traido este escrito la voz de mi madre con ese lema, que gracioso, la foto es estupenda, yo no he vivido eso de cantar el cara al sol, pero la verdad debía ser tremendo, el "paisano" abusó en demasía de la paciencia de muchos y no solo de la paciencia.

Un beso enorme, me encanta tu casa

Anni

10 Mayo 2009 | 09:57 PM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Esos personajes ya no vienen más! Me encantó la narración. Y esos rapaces hoy por hoy, si existen, andan con la computadora abajo del brazo jaja
un abrazo Juan

11 Mayo 2009 | 12:44 AM

tibetanox

tibetanox dijo

Simple y llanamente don Manuel, Tendría que ser un tipo digno de estudio y respeto, más un en los tiempos que corrían por aquellos entonces, por decir… y cito -!!!Hasta cuando, cabrón paisano, vas a abusar de nuestra paciencia!!!, magnifico sin más, un fiel reflejo de una oscura pesadilla en las que muchos se vieron envueltos, la imagen que ilustra el escrito no tiene desperdicio alguno, me queda y una pequeña duda ¿quién cojo**s seria el que sacó el cero que no quieres desvelar su nombre a estas alturas? En fin quizás en otra ocasión…

Un abrazo Jota

11 Mayo 2009 | 01:08 PM

veli

veli dijo

Juan, ahora entiendo el correo que nos mandó Lucía. Tu artículo de hoy habla de una situación que yo no he vivido: acaso los años que nos distancian o tal vez la escuela de niñas que frecuenté hacen las diferencias. Nosotras nunca tuvimos que formar, ni cantar himnos, aunque sí procurábamos estudiar poco y aprobar "como sea".
Tuve un profesor gallego de Literatura magnífico, que nos enseñaba como sin darle importancia a su tarea, mientras limpiaba la pipa y la recargaba para volver a fumar. Con él no hacía falta estudiar: salías de clase con la lección sabida, relajada, con ganas de seguir leyendo más autores... Creo que le debo mi amor por la lengua. Se llamaba don José Pérez Gómez. El número de profesores que conocí es bastante extenso.
Aclararé que estudié el bachillerato en el Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León y que guardo muy buen recuerdo de aquella etapa.
Un abrazo.

11 Mayo 2009 | 09:54 PM

nocturna

nocturna dijo

La añoranza de un tiempo pasado, nos hacer verlo con una magía que estan en tus letras..Muy bonito!...Noc_

12 Mayo 2009 | 04:33 PM

rosa-rizalas

rosa-rizalas dijo

Ahora entiendo esa frase de 'saber latines', buena forma esa de aprobar con dádivas en vez de estudio. No dejaría de tener gracia si no fuera porque la situación del algunos maestros en aquellos tiempos de graciosa no tenia nada.

Yo no llegué ni remotamente a vivir aquello, aunque tube una maestra a la que le hubiera encantado ponernos a cantar el carasol. Se conformaba con otorgarnos distinto trato según el arbol genealogico que tubieras, ni que decir tiene que el mio no era de su agrado.

13 Mayo 2009 | 12:57 AM

mayye

mayye dijo

Jota: hace varias semanas te leo casi a diario... Hace meses sigo tus comentarios en otro blog... Pero hoy me llegaste más allá del simple gusto de leerte... He tenido un profesor como ese, hombre sabio y sufrido como "maestro de escuela"...Quien parecía quebrarse al medio de puro flaco y con un solo abrigo conocido por más "de veinte años de alumnos de la casa". Aunque ni de lejos viví una época así, ni sé de himnos ni formaciones militarizadas en los colegios, sí sé de estudiar solo para "terminar" y salir a buscar el camino de uno.
Me alejo de tu casa con una sonrisa en los labios y lágrimas en la mirada!
GRACIAS!

13 Mayo 2009 | 09:57 PM

Ivy

Ivy dijo

Vengo de la casa de Mayye y obviamente por su recomendación.
Te vi de pasada, cuando tomabas algo en lo de Theo y te agradezco haber sido fuente inspiradora de uno de los relatos de Mayye que mas me han gustado.

Solo venía a agradecerte.
Resulta que me quedé leyendo.

Gracias por lo que has escrito! Es un placer estar aquí.

Ivy

16 Mayo 2009 | 02:18 AM

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