Publicidad:
La Coctelera

jotatrujillo

17 Mayo 2009

VENTURA Y EL MAR DE INVIERNO

Ya estaba jubilado. Tenía para él todo el tiempo del mundo.Aquellas horas que antes le eran completamente necesarias para llenarlas de trabajo cansado pero remunerador, ahora no sabía como gastarlas.

Solo se impuso como obligación hacer algunas compras a su mujer y tratar de ayudarla en la gestación de la repetitiva paella de los domingos. Llevaba tantos años en Benicassim que ese rito festivo y gastronómico de la paella semanal se había incrustado en su vivir, haciéndole olvidar los antiguamente apetecidos platos de la cocina manchega. Adios a los "potajes", a las "gachas", "migas", para el invierno y los "pipirranas" y "gazpachos" para el verano.

Aquí había comprobado que el menú "todo terreno" era la paella: dominical, lúdica, festiva, familiar, atávica.

Pero dejemos las disquisiciones gastronómicas que solo han servido para demostrar el tiempo libre de nuestro jubilado al que desde este momento llamaremos Ventura, no sea que con otras explicaciones como las anteriores, se nos vaya el santo al cielo y lo terminemos por dejar en el limbo de los no bautizados.

Para trabajar de albañil, Ventura había dejado la sequedad profunda y parda de La Mancha en busca de otros horizontes de claridad, no tanto para su espíritu, como para el maltrecho y paupérrimo vivir de él y de los suyos.

Y llenando las horas de trabajos y sudores y con bastantes esfuerzos, había conseguido hacerse una casa, le había dado una buena educación a sus dos hijos y había arañado unos pocos ahorros que unidos a su pensión, le permitian mirar su ya exiguo futuro con tranquilidad.

A pesar de llevar cerca de cuarenta años viviendo en Benicassim, Ventura era poco asiduo a visitar la playa.

Siempre su querencia de tierra adentro le marcaban los caminos a la montaña. Era como si una fuerza ancestral le empujara a los riscos, a los chaparros, a los lagartos, a las aves negras que como flechas traspasan el aire.

En la playa se sentía ajeno, como ese pájaro herido en un ala que al no poder volar se trastabilla y cae. Bajo sus pies no sentía la seguridad telúrica de la tierra y el musgo, sino la temblorosa y caliente levedad de la arena.

Y después el mar. Tanta agua azul, limpia y sin memoria. Tanta agua igual y siempre nueva. Tanto movimiento repetido e irrepetible. Tanto brillos tilileantes inundando sus ojos.

Por eso, todas las mañanas, cuando el sol pone el anuncio del nuevo día, retratandose en las encaladas paredes de su casa, Ventura coge su "gayato" y se dirige a la seguridad del paiseje conocido.

 

Pero hubo un día que , sin saber porqué, sus pasos le dirigieron a la playa. Hacía frío. La playa estaba completamente desierta. El mar no tenía el color que recordaba, sino el triste y gelido gris del invierno. Las gaviotas parecian como pañuelos blancos que despidieran al verano ya ido.. La arena, apelmazada y humeda, como si un rocío de algas le hubiesa peinado sus dunas.

Ventura, arrebujandose en el tabardo de pana, se acercó al borde del mar y paseó por su orilla- Las olas de la noche habían dejado un presente de conchas que blanqueaban en la arena. Cogió algunas y las guardó en su pañuelo de hierbas.

Aquel día le gustó el mar, lo tuvo mas cercano. Le parecía que había envejecido con él. El mar tenía como la tranquilidad responsable de los años vividos, en contraposición con la locura juvenil y azarosa del riente mar del verano. Camino de su casa penso que el mar y él serían de la misma "quinta".

Desde aquel día, Ventura se hizo amigo del mar de invierno. Lo visitaba a diario y hablaba con el como esos viejos amigos que se cuentan sus historias en un banco resguardado del frío.

El mar, agradecido, cada mañana le regalaba a Ventura algún presente que sacaba del cofre enorme que guardaba en sus profundidades: algas rubias brillantes y sedosas que eran como mechones de melenas que los corales arrancan cuando peinan a las sirenas, grandes cartilagos de peces desconocidos, entre blancos y azules, como trozos de luna olvidada en el resplandor del agua, pelotas de colores bañadas de lágrimas de niño, que una ola juguetona robó para que jugaran los delfines y que ahora el mar devuelve compungido.

Otro día el mar le regaló un bolígrafo, sucio, roto, seco. Ventura se extrañó de tan raro presente, acostumbrado como estaba a la belleza distinta de los regalos anteriores.

<< !Vaya, amigo!, hoy estás poco dadivoso. Para estos no hace falta venir hasta tu orilla, estos los hay a montones en cualquier sitio..

<<Llevas razón, pero este bolígrafo mo es como los otros y por eso quiero que lo guardes con los demás tesoros. Yo hubiera podido rellenarlo en el tintero de cualquier calamar y habérselo regalado a un pececillo para que hiciese palotes en el vientre blanco de un delfín, pero he preferido que lo tengas tu.

<<¿Porqué?

<< Porque su dueño, al igual que tú, tampoco me conocía, era de tierra dentro y ademas trataba de ser poeta.

Venía todas las mañanas con su cuaderno y su bolígrafo y se quedaba absorto mirándome, pretendiendo plasmar en unos versos las sensaciones que le producían mi sola presencia.

Pero idefectiblemente, siempre terminaba por arrancar las hojas de su bloc, arugarlas con fuerza y lanzarmelas con rabia mal contenida.

Coseguí hacerme con algunas hojas y leerlas:

Con los labios azules de la brisa

las olas se encariñan de la arena.

 

Un reloj de luna nueva

marca el tiempo eterno de las olas

 

Dejad que me beba esta copa de mar

para saciar mi sed de eternidades.

 

Gotas de agua en su vientre

aquella mujer tenía,

perlas de sol y de espuma

en su marrón geografía

Al verla salir del mar

!supe que era la alegría!

 

Ni Poseidon ni Neptuno

ese niño que gatea hacia las olas

es el verdadero dios del mar.

 

Como observarás el poeta no era nada del otro mundo y ese fué su problema. Desesperado de no saber describirme, un día se acrcó hasta mí y nirándome con rabia me arrojó su bolígrafo y su cuaderno.

Yo le acaricié sus pies con un tacto de espuma tibia y suave. Me miró y por fin se decidió a conocerme, adentarndose lentamente en mi inmensidad-

Yo, agradecido le presté toda mi tibieza, mi color, le enseñé el juego de las olas y los brillos dorados del sol en mi espejo, la luminosidad acolchada y y fresca de mi suelo, los inacabados jeroglificos de mis pequeños habitantes, la risa juguetonan de los niños que me juegan, la belleza desnuda y sin embargo pura, de las mujeres que me adoran, le llené de besos humedos y frescos cada uno de los recovecos de su cuerpo, le puse caracolas en sus oídos desnudos, le preparé un colchón de arena fresca pàra que disfrutara sus sueños y cuando la tarde se despedía ahita de sol, lo desperté con un despertador de luna que solo guardo para los poetas y los de corazón alegre.

Aquel hombre ya no quiso escribir sobre mí. Solo quiso tenerme, disfrutarme, rimar versos entre mis olas y sus juegos. En definitiva vivirme, que es, sin duda alguna, la mejor poesía que se puede hacer sobre mí.

 

<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<

El invierno terminó y una bandada de golondrinas extrañamente grises, anunciaron el comienzo del buen tiempo y el mar volvió a acicalarse y cambiar el manto pardo y triste del invierno por el luminoiso y azul del verano.

A la playa le nacieron flores de colores y risas nuevas.

Ventura, o volvió a la montaña, o se dedico a ordenar sus regalos del mar de invierno.

El mar, ocupado como estaba, no lo echó de menos. Pero si se extrañó cuando vuelto de nuevo al frío y la soledad, no recibía la visita de su amigo.

Extrañado, le preguntó a una gaviota con fama de vecindona.

Su amigo Ventura ya nunca vendría a vistarlo, !había muerto!

Aquella terde el mar se hizo tormenta y lluvia y lloró con roncos sonidos de pena y por primera vez, deseó hacerse tierra para poder abrazar a su viejo amigo Ventura.

 

 

 

 

Tags: mar, invierno, regalos

servido por jotatrujillo 11 comentarios compártelo

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

vetton ibero

vetton ibero dijo

Hay una vena poética en este escrito que delata o proclama al autor como un vate elocuente, tal vez desolado por una dualidad o querencia mar-estepa, que la ama y la añora.Lirismo, bellas y conmovedoras figuras literarias,hacen del relato volver a repetir su lectura. Hay un punto oscuro y triste: el final, la muerte. ¿Podría haberse evitado?
Un saludo y enhorabuena. Me ha gustado.

17 Mayo 2009 | 07:01 PM

tibetanox

tibetanox dijo

El, la mar como la llaman los viejos marinos, a pesar de esa fuerza natural que posee ,sabe sacar a relucir la inocencia del niño y cosas que antes los ojos de los hombres no son importantes ,para ella son mandato de espiritualidad ,de amistad , por muy insignificante que aparentemente seamos, ella siempre nos sabe acariciar ,cuanto más si se trata de un poeta que le regalaba rimas en su soledad, cuando la azotaba el frio y solitario invierno. No me cabe la menor duda ,que ella …la mar tiene guardados todos los versos que Ventura le lanzó pensando que eran tierra baldía ,seguramente tienen mucho más valor que el que le dio su autor ,en ocasiones los creadores en su humildad creen que lo suyo vale poco ,hasta que llega a las manos de otro ,que se queda sorprendido del potencial que pueden tener cuatro simples letras escritas en un simple papel amarillento.

Un abrazo Jota

17 Mayo 2009 | 08:28 PM

Jesús Andrés Pico Rebollo

Jesús Andrés Pico Rebollo dijo

Hombre de tierra adentro, tengo querencia por este mar donde van a parar los poemas perdidos. He leído y vuelto a leer tu escrito con admiración y deleite, Juan, eres un maestro.

17 Mayo 2009 | 11:01 PM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Coincido, es un escrito sumamente poético: he podido sentir el ruido del mar, el viento, los olores...hermoso
un abrazo de admiración, Juan

18 Mayo 2009 | 03:18 AM

annabel-lee

annabel-lee dijo

Entrañablemente bello este escrito, poético, precioso, he podido ver a Ventura junto al mar, he sentido el color, el olor y el frío dolor de la ausencia de la falta de alguien que no vuelve más.

Me ha emocionado mucho tu escrito querido amigo, siempre me siento agusto en tu casa, siempre recibo la caricia de tus letras y a veces como hoy me quedo en ellas, este dia triste en el que hemos perdido al gran Benedetti y lloramos por él.

Un beso Juan y mi enorme admiración hacia tí

Anni

18 Mayo 2009 | 08:48 AM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Precisamente hoy que leo tu relato soy yo la que me hago tormenta y lluvia y lloro una pérdida, como ese mar. Diría que me han encantado tus palabras, pero no estaría siendo sincera porque me he quedado prendada de tu forma de contar... Bellísimo relato, Jota. 1 Besiño grande

18 Mayo 2009 | 02:53 PM

arwen7

arwen7 dijo

Cuanta ternura Juan, leyendote es facil sentir la brisa, el salobre del mar, oir el piar de las gaviotas, incluso llega la humedad de ese mar....tranportan tus palabras, y me he sentido Ventura por momentos...

Gracias, es siempre tan grato pasar a leerte...

Abrazos.

18 Mayo 2009 | 04:24 PM

mayye

mayye dijo

Querido Jota: Creo que nos llevas a las orillas de ese mar de sentimientos con una maestría tal que cuando he abierto los ojos el agua de tu creación mojaba mis pies de letras...
Bella narración, atinado uso de las imágenes, como siempre ¡Un placer pasar por tu casa! Me llevo una pequeña caracola en forma de sonrisa melancólica que recogí en tus playas...
Cariños!

18 Mayo 2009 | 04:34 PM

eltioantonio

eltioantonio dijo

Querido Amigo, a veces cuando menos lo esperas, las tierras donde vives se adueñan de tu ser -para bien o para mal- y sus constumbres de arraigan en lo profundo de nuestro ser, llegando a ser más importantes que las nativas.

Un cierto sosiego llena la vida al final, todas las experiencias vividas, nos dan la tan ahelada sabiduria ansiada por años.

Pero al final la belleza se encuentra y afortunados, quienes hayan en medio de sus pensamientos.

Un saludo, gracias por estar ahí siempre:

Antonio

19 Mayo 2009 | 02:18 PM

pepetxu

pepetxu dijo

En la punta de aquel cabo
brillaba la arquitectura
blanquísima de cal
agitando sus grandes brazos

Pero...¿no ha de ser
un inquieto haz de luz
el que guíe a los barcos?

¿Por qué en su cilíndrica pared
gira la brisa del mar
la gran aspa de lonas y madera?

En lo alto del acantilado
singular faro ha alzado
una inmensa pesencia manchega.

Con todo mi cariño, respeto y admiración.
Mucha salud siempre

19 Mayo 2009 | 04:35 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Precioso y profundo, Jota. Sin duda, de tu prosa lo mejor y lo más conmovedor que te he leído. Cuántas veces no descartamos verdaderos tesoros simplemente porque desconocemos todo el valor y la belleza que encierran. Creo que la verdadera amistad es la que no fuerza, no obliga a ninguna de las partes. Pienso que consiste en regocijarse en el sentir y en las ideas en que coincidimos y en el profundo respeto a nuestras diferencias. También yo hubiera llorado así, de dolor como el mar al perder un amigo así, irremplazable e inolvidable. Un abrazo estrecho.

19 Mayo 2009 | 10:09 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Fotos

jotatrujillo todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Amigos

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera