!GRACIAS, GUTEMBERG!
El 40 por ciento de los participantes en una encuesta en la Feria del Libro de Fráncfort creen que los libros digitales sobrepasarán los libros impresos en 2018.
(De la prensa)
Hoy he hecho una prueba. He entrado en Google Books y he leído poemas de Antonio Machado de un libro de la Editorial Andrés Bello.
La luminosidad de la pantalla era perfecta, el tamaño de letra el adecuado y ni que decir tiene que los versos del poeta siguen teniendo la profundidad y belleza de siempre.
Después he sostenido en mi mano la 4ª edición de las Obras Completas de Manuel y Antonio Machado de 5.000 ejemplares numerados, (el mío, nº 441), publicada en 1.962 por la Editorial Plenitud y he vuelto a disfrutar de sus versos, enmarcados en finas páginas como de seda y envueltos en la sobria tersura de una piel roja, mil veces sobada, pero todavía suave y sugerente.
Seguro que hubiese sido igual, si el libro elegido de mi biblioteca, no hubiese tenido las peculiaridades del que me enorgullezco de poseer.
Para mí no creo que pueda compararse la felicidad del libro impreso y caliente en las manos con la frialdad impersonal del libro digital.
De la misma manera que la música pone sonidos para ilustrar recuerdos, la pintura es el placer luminoso de los ojos, los libros configuran la realidad de los sueños y nos hacen directores e intérpretes de una gran obra escrita solo para nosotros que obran el milagro de que, en nuestra soledad de lectores, nos hacen conocer gente nueva, insólitos paisajes, vidas distintas que acabas por hacer tuyas.
Los libros, memoria viva de toda la especie humana, nos permite multiplicar nuestras propias personalidades y nos hace ciudadanos de cualquier punto del atlas.
La lectura es el mejor camino para encontrar la fantasía, eso de que tanto se adolece en el mundo de hoy y el libro impreso es el que te lleva de la mano a ese multicolor territorio.
El tiempo gastado en leer un libro, es tiempo que se gana para la vida, para los sueños, para la ilusión, para los sentimientos.
No sé si habrá estudios al respecto, cosa rara de no haberlos, que ahora se hacen encuestas y chequeos para todo, pero me atrevo a asegurar que los hombre y mujeres que leen, están hechos de otra pasta, son diferentes y me atrevo a decir que mejores que los que no lo hacen.
Una prueba: a los dictadores les gusta prohibir y quemar libros, porque estos son el mejor ejemplo de libertad y a los dictadores, la libertad no les gusta. Les suele traer malas consecuencias.
Cuando en una librería o en un puesto callejero, me pongo a observar un libro, con idea de hacerlo mío, empiezo a pensar que historias se podrán vivir dentro de ese rectángulo de papel comprimido y letras entremezcladas. Cuantos mensajes escondidos entre sus novicias hojas, me ayudarán a conocerme mejor y a conocer a los demás.
Y cuando, onanistas del placer de la lectura, nos quedamos a solas con un libro, es seguro que damos un paso adelante en nuestro afán de conocer mejor el mundo que nos rodea.
Prueba y verás cómo, si te atreves a acariciar un libro, este se dará a ti sin contemplaciones, dispuesto a que su arcano sea entendido y te dejará entrar en él, olvidando su pudor y haciéndote participe de todos sus encantos, de toda la gloria de su belleza incontestable.
Hay proverbio hindú que no me resisto a enseñaros. Dice así: “Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora”.
Seguramente el vertiginoso devenir de los tiempos ha traído como consecuencia que las nuevas técnicas pretendan con su mecánica simplicidad, robarle al libro impreso su hegemonía. Es posible que sea loable esa socialización barata de la lectura, pero yo siempre podré utilizar Internet y su entorno para esas dosis pequeñas de conocimientos que hasta ahora nos ha brindado y que en la mayoría de los casos, ha sido el vehículo ideal para llevarme a la rotundidad palpable del libro. Pero nada más
Yo seguiré regalando libros. Son bastante más que un obsequio. Es reconocer y elogiar al que lo recibe. Es saber que no es un gasto baladí e inútil. Es tratar de mejorar los días y salvaguardar a las personas. Es un mensaje directo que envío al alma de la persona a la que regalo. Es tener la certeza de que con ese libro, le estoy insuflando vida nueva a su espíritu.
Os dejo. Voy a abrir un libro. Es ese amigo seguro, que siempre estará a mi lado, sin pedir nada a cambio, al contrario: dándome todo. Y tiene la tremenda habilidad de saber contestar a todas mis preguntas.







Marilia dijo
Precioso el proverbio hindú.
Yo estoy de acuerdo contigo, Jota. Por mucho que avance la tecnología, hay cosas que no pueden ser reemplazables, y en este caso, un libro, no tiene comparación.
Además, no puede ser bueno para los ojos el esfuerzo visual que requiere leer, y si es un buen libro, si te engancha, da por seguro que no vas a estar un ratito como puedes pasar habitualmente delante del ordenador; eso pasa factura a la vista.
Quien lee aprende, abre su mente, vive otras historias, cuida su ortografía (creo no equivocarme al decir que los que leemos desde bien pequeñitos tenemos menos faltas de ortografía, y vas ampliando tu vocabulario casi sin darte cuenta...) Es como viajar sin moverte del sillón.
Un libro requiere tiempo, pero da satisfacciones.
Es una lástima que se estén perdiendo las buenas costumbres y nos hayamos acomodado a la sociedad de lo fácil, de que me lo den todo "masticaíto" y no requiera ningún esfuerzo las satisfacciones. Las juventudes venideras viven en ese plan.
Seguiremos leyendo para seguir soñando, aprendiendo...
Un abrazo, amigo Jota
31 Mayo 2009 | 09:16 PM