GUIA PRACTICA PARA GANAR UNAS ELECCIONES

No es que el que escribe quiera dárselas de politólogo, que hasta tanto no llegan sus pretensiones, pero se atreve a conjeturar estos consejos fijándose solo en la realidad de los hechos, que sin duda valen más que cualquier sesudo estudio.
Es imprescindible el crear un partido que tenga sus ancestros y bastante de sus miembros más preclaros imbricados en un pasado régimen dictatorial, del cual se sientan orgullosos y puedan reivindicar, cantando sus excelencias y anhelando pasadas gestas. Es obvio el que deberán negar con toda rotundidad y firmeza las seguras peticiones de los que fueron perjudicados en ese régimen, aunque esas peticiones estén justificadas por el más elemental sentido de la justicia y de la caridad.
Deberán argumentar siempre y sin sonrojarse que eso de la memoria histórica es un desagradable invento de revisionistas anclados en el pasado y que no ha lugar al plausible deseo de que los que perdieran tengan derecho a saber de sus víctimas, que para eso perdieron.
Aunque en dicho partido las rencillas internas, el espionaje y las ansias de poder sean el pan de cada día, deberán olvidar sus taimadas pretensiones en época de elecciones, que tiempo habrá para el contubernio y la navaja trapera.
Si el gobierno de turno es contrario a su ideología, se cuidarán muy mucho de boicotear todas las leyes sociales en las autonomías donde mandan, que lo importante es el poder, no el bienestar de los ciudadanos, a los que se les puede timar con rimbombantes consignas y otros luminosos y propagandísticos eventos.
En lo referente al aborto y otros problemas de orden moral y religioso, deberán tener la desfachatez de poner cara de mansos ante la autoridad eclesiástica, pero no dar un solo paso para derogar las leyes vigentes, cuando tenían en su mano la varita mágica del poder.
Desprender un pestilente tufo homófono, teniendo buen cuidado de que no se les note lo suficiente ya que hay que dar, a pesar de todo, una apariencia de modernidad, que en realidad no sienten.
Digan lo que digan sus estatutos en lo referente a la corrupción, deberán juzgar a los que siendo de su partido, caen en ella, con toda clase de benevolencia y comprensión, ya que en realidad deben mirar más a los votos que aportan esos corruptos que a la calidad moral de sus políticos. Cuidando al mismo tiempo de que la manta cubra toda clase de tropelías y nadie debe estirar de ella, no sea que salga a la luz más de lo que se pretende tapar.
Y en el caso de que alguien destape un caso concreto, póngase en cuarentena con el cuidado de la prensa amiga, los jueces adictos y dígase como último, aunque peregrino argumento, que los votos les exoneran de toda clase de explicaciones. Y naturalmente, póngase en marcha el aparato de la propaganda que en estos partidos deberá estar siempre bien engrasado, con donaciones y otras prebendas.
Ni que decir que estos consejos son para acallar los casos de los suyos. En cuanto a los contrarios, se deberá de inmediato solicitar toda clase de castigos y penas, poniendo el grito en el cielo si no prosperan y si es necesario haciendo tambalear el propio sistema donde se sustentan.
En ese afán de defensa de sus elegidos, pero dudosamente honestos políticos, no se dude en utilizar argumentos tan poco elegantes para el resto de los mortales, como el proclamarlo el más honesto de todos sus conciudadanos, como si los demás no tuviéramos derecho a presentar nuestra intachable moralidad y no vistiésemos con corrientes pero dignos ropajes en el devenir de nuestras vidas. La dignidad suele vestir de "trapillo" y acostumbra a pagar sus facturas.
Si entre sus preclaros y bien pensantes ideólogos, se encuentra alguien con la conciencia ética un poco laxa, blanda y débil, y es capaz de no asumir sus evidentes responsabilidades, amparándose bajo la falda de los que fueron sus subordinados, ampáresele hasta la extenuación que poco importa lo que puedan pensar un minoritario grupo de discordantes familiares que no saben digerir una tragedia que pudo evitarse. Además los votos, también aquí, dan permiso para la ignominia.
Como este escrito no pretende tener la rotundidad de una tesis, para la que no estoy preparado, seguro que habrá más argumentos que ofrecer para la imbatibilidad en las elecciones.
Pero a la vista de lo que ocurre, creo que con estos son suficientes. De manera que, ¡a animarse!, funden sus partido guiándose por estas coordenadas.
Sabrán de eso que se llama la erótica del poder, sabrán lo que es mandar y hasta si hay empresarios que se fijen en usted, podrán labrase un cómodo y suculento porvenir.
Naturalmente, absténgase de pensar en el servicio a los ciudadanos, la honestidad, el bien común, la política como servicio al pueblo, la democracia y toda esa clase de zarandajas que no llevan a ninguna parte.
Eso queda para los trasnochados, para los idealistas, para los tontos.
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mayye dijo
Jota: el 28 de este mes hay elecciones "Legislativas" en Argentina... Aquí el voto es obligatorio. No hay excusas o votas o votas... Aunque sea poner el sobre en blanco hay que ir. Al leer tu artículo de hoy noté las similitudes tan marcadas que asustan. Es que el poder es altamente adictivo y eso que llamas erótica del poder definidamente ataca en todas partes.
¡Cuánta sabiduría en tu manual para políticos! Qué pena que seamos tantos los que quedamos encasillados en el último párrafo y tan pocos los que describes antes y sin embargo, sean estos últimos los que detentan el poder sobre todos los demás.
Un fuerte abrazo!
8 Junio 2009 | 01:56 AM