EL PRECIO DE UN BRIK DE LECHE

(Fotografía J. Carlos Plaza)
Siento sobre manera, el no haber sabido contestar a esa señora que en la puerta del supermercado, me ha preguntado por el precio de un cartón de leche. He supuesto que se refería a un brik, palabra para ella seguramente desconocida.
Su aspecto no era del todo normal, ya que al hacerme la pregunta, me mostraba unas cuantas monedas en una mano no muy limpia, mientras en el otro brazo, sostenía un bebé macilento y con lágrimas saliendo de sus grandes y desorbitados ojos negros.
He tenido que aceptar mi desconocimiento con un pesaroso, pero educado: “Lo siento señora, pero no sé el precio de la leche”, alejándome deprisa a la importante reunión de negocios a la que había sido citado, mientras la señora, con gesto cansado se sentaba en el suelo al lado de otro niño también demacrado y enjuto.
Debo confesar que me he sentido decepcionado conmigo mismo, al no saber contestar con precisión a esta señora. Máxime cuando es sabido por todos mis colaboradores, que mi mente es un verdadero ordenador donde están grabados cada día los precios del oro, la plata, las divisas, el barril de crudo, el café, el maíz, el cobre, el cinc, el aluminio, los diamantes y todos aquellos productos de relevancia constatada en los mercados internacionales.
Por otra parte, en mi casa, yo no suelo ocuparme de esas menudencias. Tengo entendido que es mi mujer, junto con la cocinera, la que se ocupa de esos menesteres de intendencia, haciendo pedidos, no sé si semanales o mensuales, a unos grandes almacenes que se ocupan de traer el pedido y rellenar ellos mismos nuestras cámaras frigoríficas y despensas. A las que, por cierto, solo suelen bajar la cocinera o el servicio.
Dado que el cargo de estas facturas va directamente al banco, no suelo revisar pormenorizadamente esos importes, motivo por el cual, es bastante lógico que no sepa lo que cuesta un brik de leche.
Siento que la apesadumbrada señora de la puerta del supermercado, haya podido entender que mi gesto ha sido una desconsideración hacia ella. La verdad es que, aunque me duela, debo reconocer mi total e incomprensible desconocimiento sobre el tema.
Si esta noche me acuerdo, le preguntaré a mi mujer, sobre el precio de un cartón de leche (perdón, un brik). Confío en que ella sí lo sepa.
Pretendo evitar otra vergüenza y volver a quedar en mal lugar ante una desconocida.
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yon Khauss dijo
Por estar tan embuidos en nuestros trabajos profesionales, olvidamos lo cotidiano, auctuamos como si fueramos robots a lo que solo les importa lo de nuestra esfera profesional.
Hay que bajar a las minucias diarias, y hacernos un poco más personas corrientes.
Un abrazo
27 Septiembre 2009 | 08:13 PM