LA FALTRIQUERA

En uno de esos paseos que suelo dar por Internet cuando las musas son remisas y la imaginación camina por derroteros que ella sola conoce y que nada tiene que ver con tus deseos, me tropecé con una noticia, de la que su solo enunciado, me hizo temblar.
Decía así: “Se crea la asociación Amigos de la Faltriquera”. Dado que este bolsillo para el dinero siempre se ha tratado de esconder de las miradas del prójimo y ha gozado de primacía, entre aquellos avarientos que temían que su riqueza fuese descubierta, me pensé, sin encomendarme a deidad o diablo alguno, que esta asociación estaba promovida por esa caterva de políticos choros, descuideros y manilargos que últimamente proliferan tanto como setas de cardo en pinar umbrío y con relente.
Después pude comprobar, con alegría por mi parte, que se trata de una Asociación Cultural Manchega, que se dedica a la conservación de la vestimenta antigua de esa región, siempre dispuesta a conservar sus antiguas tradiciones.
Aún me acuerdo de la faltriquera que mi madre me hizo, bien cosida por dentro al pantalón, en el primer viaje que hice en tren a ese Madrid de los sesenta, que para nosotros era como viajar a lo desconocido, peligroso y al mismo tiempo rutilante y morboso.
Eran los tiempos en los que en la España oficial, si se tenía la suerte de leer la prensa todos los días en el casino, nunca pasaba nada. Menos mal que “El Caso” y el boca oreja, ponían en guardia a las madres temerosas, predisponiéndolas a esconder de posibles rateros los menguados dineros de un joven incauto, perdido en la gran urbe.
En esa España del recuerdo parecía que solo robaban El Lute, y cuatro raterillos de poca monta que lucían sus habilidades de “manguis” en el trayecto del metro Sol- Tirso de Molina.
Y no era cierto. En aquella España de la oscuridad y el silencio, los que podían robaban a mansalva. Lo que pasaba es que no nos enterábamos, porque nadie osaba ponerlo en letra impresa. Y si lo sabíamos, mejor era callar, para no enfadar a los ladrones que para eso eran los que tenían el poder.
Pero llegaron otros tiempos. Dejó de publicarse “El Caso” y ahora, gracias sean dadas a esa señora tan digna y bien intencionada, llamada democracia, estamos al corriente de todo lo que pasa, porque hay libertad de prensa y ya nadie tiene miedo a decir lo que piensa.
Pero hay gente de la clase política, por la cual parece que no ha pasado el tiempo. Y siguen pensando no ya en aquellos viejos chanchullos de venta clandestina de artículos de primera necesidad que dio en llamarse estraperlo, sino en otros más sofisticados y harto provechosos manejos fraudulentos que sean capaces de colmar sus ansias de poder y de dinero.
Unos de un color determinado, se enfangan, temerosos de perder el rango que históricamente ostentaron, creyéndose dueños absolutos del cortijo. Y todo ante la pasividad de un jefe interpuesto que se dejó barba adrede, con el fin de dar facilidades para que se le subieran.
Otros, que cuando tocan el poder, olvidan los años de honradez y la doctrina, si alguna vez la tuvieron y luchan por parecerse a aquellos que siempre denostaron.
Otros, que aposentados en las fiables y placenteras filas de una burguesía europeísta y con buena prensa, vienen campando por sus respetos desde hace tiempo, mientras los amigos de su clase, como coro bien ensayado, tratan de esconderlos entre brillantes bambalinas y liricos bemoles.
Y esto por cada una de las esquinas de esta España de la recesión, del apretarse el cinturón, de los mileuristas, de los que pasan hambre, de los que no llegan a fin de mes.
Y son tan estúpidos, se tienen tanto miedo unos a los otros, temen tanto que se vean sus vergüenzas, que no son capaces de tomar decisiones, no son capaces de hablar claro y alto, sacar toda la basura de debajo de las alfombras y de una vez por todas, ponerse de acuerdo para que este país sea de verdad democrático y no haya lugar para descuideros, facinerosos y rufianes.
¿Cómo sabremos diferenciar si no, los que en las próximas listas electorales vienen en verdad dispuestos a luchar por el bien común y los que vienen a “llevárselo calentito”?
A no ser que esta manera de gobernar “cobrándose por anticipado”, termine por ser del agrado del pueblo llano y terminemos por votar a los mas sinvergüenzas. Que parecen que por ahí van los tiros.
Lo bueno es que entonces ya no nos serán necesarias las faltriqueras. Todo el dinero será suyo.
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albor dijo
Yo llegué un poco más tarde que tu Jota a aquella España en blanco y negro, del nodo, concretamente en el 61, pero bueno llegué a conocer algunas cosillas de las que nos cuentas, llegue a conocer el borreguero que tardaba de Sevilla a Barcelona unas 20 horas mas o menos, si mal no recuerdo, que podrían ser más, recuerdo el delantal de mi abuela que era mestiza, con su hatillo de perras gordas envueltas en el pañuelo ,que después escondía entre los bolsillos del delantal que era un verdadero jeroglífico de escondites .
A lo que voy que ando desvariando con el borreguero, España siempre ha sido un país…no digo de ladrones a lo descarado, pero sí de sinvergüenzas sin escrúpulos no se ha mirado bien al que se le roba, ni de dónde vienen los bienes substraídos, lo que si queda claro que todo el dinero que sale de las arcas públicas sean cuales sean ,es dinerito del contribuyente que si no me equivoca somos todos ,y debería ser dinerito que debería volver a ellos ya sea en sanidad ,ayudas a los más necesitados ,infraestructuras etc. ,pero no ,el dinerito que se lleva más de uno impunemente, va dedicado íntegramente a uso personal ,cheles de lujos ,viajes ,coches de alta gama etc. y pensar que somos muchos todavía los que cerramos los ojos y reímos las gracias de una panda de cuatreros repartidos entre diferentes siglas políticas ,llámense como se llamen ,eso a mí personalmente me es indiferente ,porque el ladrón es ladrón se tumbe a la derecha ,duerma de pie y centrado o se tumbe a la izquierda ,la misión del pueblo es descubrirlos y lanzarlos derechitos al hotel de cinco estrellas llamado modelo ,pero claro ,sobre eso tiene mucho que decir la justicia ,que por supuesto también se las trae y paro ya que me enrollo de mala manera y me sube el colesterol y los triglicéridos ¡Porca miseria ! ¿A dónde nos quieren llevar?
Un abrazo JOTA
Pd: al final no he hablado de la Faltriquera
1 Noviembre 2009 | 07:11 PM